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8ª Conf.: Sueños de niños

Esta conferencia se encuentra dedicada al estudio de los sueños de los niños porque estos permiten con mayor facilidad y certeza conseguir información sobre la esencia del sueño. Las razones de ello se debe a que estos suelen ser “breves, claros, coherentes, de fácil comprensión, unívocos y, con todo, indubitables” (pg. 115). Es decir, la desfiguración onírica mencionada previamente no estaría presente y, por ello, la comprensión del sueño no requiere de la aplicación de ninguna técnica pues es simplemente la reacción de la vida anímica frente a la vivencia (del día anterior) del niño.

Uno de los ejemplos de sueños de niños es el de una  niña de 3 años y tres meses que había navegado en un lago por primera vez. Cuando llegó el momento de desembarcarse no quiso y lloro amargadamente, pues el tiempo de viaje le había parecido muy corto. Al día siguiente comenta la niña: “Esta noche he viajado por el lago”.

Estos sueños se encuentran desprovistos de desfiguración, lo que significa que el “sueño manifiesto y sueño latente coinciden aquí. Por lo tanto, la desfiguración onírica no pertenece a la esencia del sueño” (pg. 117). Del mismo modo, el sueño del niño es la reacción a una vivencia del día que ha dejado tras sí un lamento, una añoranza, un deseo incumplido. Por ello, “el sueño brinda el cumplimiento directo, no disfrazado, de ese deseo”.

Lo que busca Freud es considerar aquel deseo incumplido como un estímulo anímico perturbador del dormir. Ante este estímulo el niño reacciona con el sueño el cual tramita el estímulo eliminándolo de tal manera que permite que siga durmiendo. Entonces, el sueño suele ser “el guardián del dormir, el que elimina las perturbaciones de este” (pg. 118).  Así, según Freud, es gracias al sueño que podemos dormir tan bien y sentirnos descansados.

Con ello encontramos dos caracteres principales del sueño. El primero, que el “excitador del sueño es un deseo y su cumplimiento es el contenido del sueño”. El segundo, que el sueño “no expresa simplemente un pensamiento, sino que figura ese deseo como cumplido en cuanto vivencia alucinatoria”. Consecuentemente, siguiendo con el ejemplo de la niña y el lago, tenemos que yo querría viajar por el lago es el deseo que incita al sueño y, el sueño mismo tiene por contenido: Yo viajo por el lago. De ello se sigue que, a pesar de la simpleza de los sueños de niño, existe una diferencia entre sueño latente y sueño manifiesto, “una desfiguración del pensamiento onírico latente:la trasposición del pensamiento en vivencia”. Por tanto, el deseo será siempre el excitador del sueño y este, no solo reproducirá ese estímulo, sino que “lo cancela, lo elimina, lo tramita mediante una suerte de vivencia” (pg. 119).

A continuación hace un paralelo entre estos caracteres del sueño y las operaciones fallidas. Las últimas eran el resultado de un compromiso entre una tendencia perturbada y una perturbadora. La misma figura se da en el sueño. La tendencia perturbada viene a ser la del dormir, mientras que la perturbadora es el estímulo psíquico, aquel deseo incumplido. Por tanto, “el sueño es, también, el resultado de un compromiso. Dormimos, y no obstante vivenciamos la cancelación de un deseo; satisfacemos un deseo, pero seguimos durmiendo”.

Ahora bien, gracias a la consideración de los sueños de niños se ha logrado una serie de esclarecimientos, los cuales son: “la función del sueño como guardián del dormir; su génesis a partir de dos tendencias concurrentes, una de las cuales, el afán de dormir, permanece constante, y la otra aspira a satisfacer un estímulo psíquico; la prueba de que el sueño es un acto psíquico provisto de sentido; sus dos caracteres principales: cumplimiento de deseo y vivenciar alucinatorio” (pg. 120).

A diferencia de otros sueños (no infantiles) que han pasado por una desfiguración tal que se hace imposible juzgarlos a primera vista, lo que hace necesario el uso de una técnica psicoanalítica (como la asociación libre) para esclarecer la desfiguración (sacando a la luz lo inconsciente), existen otras clases de sueños que no están desfigurados y permiten reconocer fácilmente el cumplimiento del deseo. Entre ellos están “los provocados durante toda la vida por las necesidades corporales imperativas, el hambre, la sed, la satisfacción sexual” (pg. 121). Aquí se recurre al sueño para preservar el dormir pues a través del mismo se logra satisfacer aquella necesidad.  Otros sueños, que suelen ser breves, están influenciados por situaciones dominantes que proceden de fuentes psíquicas de estímulo como, por ejemplo, los sueños de impaciencia. El cuadro de Schwind ‘El sueño del prisionero’ muestra, según Freud, la génesis de un sueño a partir de una situación dominante.

Concluye la conferencia mencionando que en todos los sueños (excepto los de los niños y tipo infantiles) se da la desfiguración onírica. Por ello, no podemos saber a primera vista si son cumplimiento de deseo porque el contenido manifiesto no deja adivinar el “estímulo psíquico al que debe su origen” (pg. 124). Consecuentemente, se hace necesaria su interpretación (traducción) para poder revertir la desfiguración y sustituir el “contenido manifiesto por el latente” para poder comprender el estimulo psíquico que lo origino.

7ª Conf.: Contenido manifiesto del sueño y pensamientos oníricos latentes

Se inicia la conferencia definiendo la concepción del elemento onírico así como la técnica para la interpretación del sueño. El elemento onírico “es algo no genuino, un sustituto de otra cosa, de algo desconocido para el soñante” (pg. 103). El conocimiento de aquello de lo cual el elemento onírico es un sustituto está presente en el soñante, pero le es inaccesible. Por otra parte, la técnica radica en que “emerjan, por asociación libre sobre estos elementos, otras formaciones sustitutivas desde las que podemos colegir lo oculto”.

En este punto Freud introducirá el concepto de lo inconsciente para referirse a lo que previamente había sido descrito como ‘oculto’, ‘inaccesible’, ‘no genuino’, a todo aquello ‘inaccesible a la conciencia del soñante’. Por oposición se llamaran conscientes a “los elementos oníricos mismos y a las representaciones sustitutivas adquiridas por asociación a partir de ellos”.  Con esta definición no busca armar toda una construcción teórica, pero si rescatar que el uso de la palabra ‘inconsciente’ como descripción conveniente y fácilmente comprensible es inobjetable.

Ahora bien, si se toma la concepción del elemento onírico y se lo transfiere a todo el sueño, se tiene que el “sueño como un todo es el sustituto desfigurado de algo diverso, de algo inconsciente, y la tarea de la interpretación del sueño consiste en hallar eso inconsciente” (pg. 103). En otras palabras, el sueño es una totalidad desfigurada. En este punto surgen tres reglas que deben seguirse para el trabajo de la interpretación:

a)      No hay que hacer caso de lo que el sueño parece querer decir, pues nunca será eso lo inconsciente que se busca

b)      Limitar el trabajo a evocar para cada elemento las representaciones sustitutivas sin reflexionar sobre ellas

c)       Esperar hasta que lo inconsciente oculto, buscado, se instale por sí solo

En este punto salta a la vista lo indiferente que es cuanto recordemos del sueño y con cuanta fidelidad. Esto se debe a que el sueño recordado no es lo genuino, sino su sustituto desfigurado. Mediante evocaciones de otras formaciones sustitutivas se nos ayudará a “acercarnos a lo genuino, a hacer consciente lo inconsciente del sueño. Por tanto, si nuestro recuerdo es infiel, simplemente se debe a que se ha introducido en ese sustituto una desfiguración más (pg. 104)”.

A pesar de explicarle al soñante (paciente) la técnica interpretativa del sueño, surgen sin embargo ciertas objeciones para el trabajo interpretativo  por parte del soñante a la hora de comunicar las ocurrencias. Son principalmente cuatro las objeciones: i) que es demasiado trivial, ii) demasiado disparatada, iii) que no viene al caso, o iv) demasiado penosa para comunicarla.  Lo que sucede es que el trabajo de la interpretación se cumple en contra de una resistencia cuyas exteriorizaciones son estas objeciones y son justamente aquellas ocurrencias que querían sofocarse (ocultarse) las que “se revelan sin excepción como las más importantes, las decisivas para descubrir lo inconsciente” (pg. 105).

En este punto introduce un elemento cuantitativo (o si se prefiere gradual) con respecto a la resistencia. Cuando “la resistencia es escasa, el sustituto no está muy alejado de lo inconsciente; pero una resistencia mayor conlleva mayores desfiguraciones de lo inconsciente y, por tanto, una distancia mayor desde el sustituto hasta lo inconsciente” (pg. 106). Es decir, cuando existe muy poca resistencia con aquello inconsciente (por ejemplo, algún deseo en particular) la desfiguración del sueño es muy baja y, por ello, es fácil que una ocurrencia (o unas pocas) nos lleve desde el elemento onírico hasta su inconsciente. Mientras que si existe una mayor resistencia con respecto a ese deseo en particular las desfiguraciones van a ser mayores y se necesitaran de largas cadenas de asociaciones para llegar a lo inconsciente.

Así Freud introduce dos elementos: contenido manifiesto del sueño y pensamientos latentes del sueño.   El primero es aquello que el sueño cuenta (las imágenes, historia, etc.) mientras que lo segundo es aquello oculto a lo cual se debe llegar persiguiendo las ocurrencias. Existen diversas relaciones entre estos dos elementos y Freud mencionará tres de ellas en esta conferencia (la cuarta será en la Conf. 10).

La primera, la podemos encontrar a veces cuando elemento manifiesto es un ingrediente de los pensamientos latentes. Esto significa que un pequeño trozo de los pensamientos latentes (inconscientes) ha llegado hasta el sueño manifiesto como un fragmento, y el trabajo interpretativo tiene que completar este fragmento hasta formar un todo. El ejemplo al que recurre Freud es lo soñado frecuentemente por una mujer cuando era niña: “Recuerdo aún que de niña soné repetidas veces: El buen Dios tiene un bonete de papel puntiagudo sobre la cabeza. Ahora bien, un bonete así solían ponerme muchas veces estando en la mesa, para que yo no pudiese atisbar el plato de los otros niños y ver cuánto les daban de algún manjar. Como había oído decir que Dios es omnisapiente, el sueño significa que yo lo sabía todo a pesar del bonete que me pusieron”.

La segunda relación viene a ser la sustitución por un fragmento o una alusión. Con ello, lo que ocurre es que en el sueño surge algún tipo de imagen o palabra, que hace referencia a un pensamiento latente más complejo y completo. Tenemos el sueño de un paciente en donde alrededor de una mesa de forma particular están sentados varios miembros de su familia. La mesa, según lo contado por el paciente, es la misma que tenía una determinada familia a la que visitó, y lo que le llamo la atención de dicha familia era la relación particular entre padre e hijo, porque sucedía lo mismo entre su padre y el. Consecuentemente, “la mesa ha sido recogida en el sueño para designar este paralelo”.

Antes de pasar a la tercera relación, es importante dejar en claro, que todo lo incluido en el sueño no es ni contingente ni indiferente, en tanto que se puede obtener un mayor esclarecimiento hasta con los detalles más ínfimos.

Finalmente, la tercera relación es la ilustración en imágenes, en donde lo soñado viene a ser la “expresión en imágenes plásticas, concretas, que toman como punto de partida la literalidad de ciertas palabras” (pg. 110). Por ejemplo, una persona sueña que “su hermano está en una caja. La primera ocurrencia sustituye caja por ‘armario’ (Schrank), y la segunda le da la interpretación: el hermano se restringe (schränkt sich ein)” (pg. 110). Este tipo de relación tiene una particular importancia, porque el sueño manifiesto consta “prevalecientemente de imágenes visuales, y más raras veces de pensamientos y palabras”.

Citare a continuación en extenso un sueño así como la interpretación final que hace Freud del mismo para ver cómo funcionan los dos elementos mencionados previamente:

“Muy bien; una mujer joven, pero casada desde hace muchos años, sueña: Está sentada con su marido en el teatro, un sector de la platea está totalmente desocupado. Su marido le cuenta que Elise L. y su prometido también habían querido ir, pero sólo consiguieron malas localidades, 3 por 1 florín y 50 kreuzer, y no pudieron tomarlas. Ella piensa que eso no habría sido una calamidad”.

Luego de llevar a cabo el trabajo de análisis siguiendo las ocurrencias que la mujer le comentaba para cada uno los elementos oníricos del sueño concluye con la interpretación: “ «¡Fue sin duda un disparate de mi parte apurarme así con el casamiento! Por el ejemplo de Elise veo que aun más tarde habría conseguido marido». (El apresuramiento es figurado por su conducta hacia la compra de las entradas y la de su cuñada hacia la compra de la alhaja. El ingresar en el teatro aparece como sustituto del casarse.) […] Sólo hemos llegado a discernir que el sueño expresa el menosprecio por su propio marido y el lamentarse por haberse casado tan temprano” (pg. 112).

Para que no quede tan en el aire esta interpretación, vemos como ‘platea totalmente desocupada’ es el indicador del haber llegado temprano al casamiento (teatro). Mientras que el disparate se sigue de ‘las 3 localidades por 1 florín y 50 kreuzer’ pues solo era Elise y su prometido. De igual modo el menosprecio por el marido se sigue de ‘las malas localidades’ que la soñante pensaba que ‘no hubiera sido una calamidad tomarlas’. En este punto, es importante señalar que Freud reconoce que aún “no estamos armados para interpretar un sueño”.

Sin embargo, tomando en consideración el sueño concluye la conferencia señalando que la relación entre elementos manifiestos y latentes no es simple, sino más bien “tiene que ser una relación de masas entre ambos campos, dentro de la cual un elemento manifiesto puede subrogar a varios latentes, o uno latente puede estar sustituido por varios manifiestos” (pg. 113).  En otras palabras, en un sueño una sola imagen puede comprender varios elementos latentes, del mismo modo que varios elementos manifiestos pueden ser sustitutos de un mismo elemento latente (inconsciente).


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