3ª Conf.: Los actos fallidos (continuación)

La operación fallida, siguiendo lo descubierto en la conferencia pasada, debía considerarse en sí y por sí misma. Dentro de esta consideración se obtuvo que la operación fallida posee un sentido. El ‘sentido’ de un proceso psíquico “no es otra cosa que el propósito a que sirve, y su ubicación dentro de una seria psíquica. (…) podemos sustituir ‘sentido’ también por ‘propósito’ (Absicht), ‘tendencia’ (Tendenz)” (pg. 36).

La comprensión del sentido de la operación se muestra en determinados casos con mayor claridad. Uno de los ejemplos utilizados es cuando el Presidente de la Cámara de Diputados en el discurso de apertura dijo: “Compruebo la presencia en el recinto de un número suficiente de señores diputados y, por tanto, declaro cerrada la sesión”. Aquí el sentido y propósito de su “dicho fallido (Fahlrede) es que él quiere cerrar la sesión”. Continua señalando más ejemplos del trastrabarse en donde quizás el sentido sea más difícil de descubrir.

Sin embargo, hay algo que no puede dejarse de lado en el trastrabarse (aún en los ejemplos más oscuros), y es que en todos los casos puede ser explicado por el encuentro de dos propósitos diversos. Es decir, los casos del trastrabarse admiten ser explicado por “el encuentro, la interferencia, de dos propósitos diversos en el decir; las diferencias sólo surgen por el hecho de que en un caso un propósito sustituye enteramente a otro, como en el trastrabarse con lo contrario, mientras que otras veces debe conformarse con desfigurarlo o modificarlo, de suerte que se engendran formaciones mixtas que en sí resultan provistas de mayor o menor sentido” (pg. 38).

Según Freud, el desliz en el habla es el resultado de dos intenciones que se han cruzado. Este cruce  puede verse con el caso del joven que le propone a la dama si es que la podía acomtrajarla. Aquí vemos la interferencia de dos propósitos distintos. El primero el querer acompañarla, el segundo el querer ultrajarla. Hasta este punto lo que tenemos entonces es que las operaciones fallidas “no son contingencias sino actos anímicos serios; tienen su sentido y surgen por la acción conjugada –quizá mejor: la acción encontrada- de dos propósitos diversos” (pg. 39). A pesar de hablar solo del trastrabarse, es lícito para Freud extender este nuevo conocimiento con respecto a las otras operaciones fallidas.

A continuación entra de nuevo en discusión con las explicaciones previas sobre la naturaleza de las operaciones fallidas (sobre todo en el caso del trastrabarse). Reconoce la importancia de otros factores como la fatiga, la excitación, la distracción, la perturbación de la atención. Para el autor, no es frecuente que el psicoanálisis ponga en duda algo que “otros sectores han afirmado; como regla se limita a agregar algo nuevo, y ocasionalmente sin duda da en el blanco, pues eso que hasta entonces se descuido y que se agrega es lo esencial” (pg. 41). Afirma que las influencias acústicas, como las semejanzas entre las palabras facilitan el trastrabarse, favorecen el desliz. Son como un camino que se abre frente a la persona. Lo que no es obvio es que la persona tenga que necesariamente avanzar por este camino. Es decir, estas relaciones acústicas y léxicas, y las disposiciones corporales favorecen el desliz, pero no pueden “proporcionar un genuino esclarecimiento [del acto fallido]”.

Ahora bien, a pesar de haber avanzado aún más en la comprensión de lo que son las operaciones fallidas, surgen nuevas interrogantes. ¿Qué clase de propósitos o tendencias son los que de ese modo pueden perturbar a los otros propósitos o tendencias, y qué relaciones existen entre las tendencias perturbadoras y las perturbadas? Tenemos de este modo en la operación fallida una tendencia perturbadora y otra que es perturbada. La tendencia perturbada no permite dudas. Toda persona que comete una operación fallida la reconoce y declara. Sin embargo, la tendencia perturbadora puede generar dudas y dar ocasión a cavilaciones.

Para la comprensión de un determinado desliz es necesario preguntar a aquel que lo cometió por qué se había equivocado. Para Freud, cuando escuchamos la explicación con la primera ocurrencia que le vino al hablante, tenemos que “esa pequeña intervención y su éxito, es  ya un psicoanálisis y el paradigma de toda indagación psicoanalítica que habrá de emprenderse en lo que sigue” (pg. 43). Es en este punto -el esclarecimiento sobre la intención perturbadora- en donde el autor empieza a explicarnos sobre la técnica del psicoanálisis.

Esta técnica consiste en “hacerle decir al analizado mismo la solución del problema”. Así, una objeción que se le puede hacer a Freud es que si se le preguntara al joven que incurrió en el desliz (acomtrajarla) sobre su intención de ultrajar a la dama, este podría negarlo. Con ello, la objeción que se le hace descansaría en la sobre-interpretación que hace Freud de la operación fallida. Sin embargo, pone como ejemplo que al preguntarle a la persona sobre su intención, este tendría un fuerte interés personal en que “su operación fallida no tenga sentido”. Algo de lo cual sospecha Freud, pues las preguntas por aquella intención no son más que indagaciones teóricas. Entonces, refiriéndose al auditorio afirma “en definitiva opinaran que él debe saber con exactitud lo que quiso decir y lo que no. ¿Debe saberlo? Quizá sea esa la cuestión” (pg. 44).

Así nace otra objeción. Cuando la persona confiesa su intención, el analista le cree. Pero cuando lo que la persona dice no le convence al analista, entonces la confesión del la persona no vale, no hay nada que creerle al paciente. Para responder a esta objeción Freud usa un ejemplo legal. Cuando un acusado confiesa delito ante el juez, este cree la confesión; pero cuando niega, el juez no le cree. Ante este panorama, surge inevitablemente la duda sobre cómo podemos esclarecer por sí mismo el sentido de la operación fallida.

Como respuesta, Freud señala que “la interpretación de la operación fallida se realiza siguiendo ciertos principios generales; primero no es sino una conjetura, un esbozo de interpretación, y después el estudio de la situación psíquica nos permite corroborarla. Y aun muchas veces debemos esperar acontecimientos venideros, que se anunciaron, por así decir, a través de la operación fallida, para confirmar nuestra conjetura” (pg. 46). Con esta explicación abre el camino a la consideración de las operaciones fallidas acumuladas y combinadas. Es decir, operaciones fallidas que la persona ira repitiendo una y otra vez, lo que permitirá corroborar la interpretación inicial con los acontecimientos que sobrevinieron después.

Por ello, la interpretación sobre un acto fallido tiene el valor de una conjetura y el analista no debe atribuirle demasiado peso. Los acontecimientos futuros demostraran luego cuan justificada estaba ésta conjetura. De este modo, los actos fallidos que nos ocurren son indicios de “intenciones todavía secretas” y, sobre los presagios que se hacen dice Freud: “no hace falta que todos acierten”.

En suma, en esta conferencia Freud encuentra que la operación fallida es el resultado de dos propósitos diversos que se interfieren. Una tendencia perturbadora y otra perturbada. La interpretación de la tendencia perturbadora debe tener solo un valor de conjetura. Esta interpretación podrá corroborarse en el futuro ya sea por la acumulación y combinación de operaciones fallidas, así como por acontecimientos que sobrevienen después.

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