Schumpeter: el líder político, la voluntad general y la democracia (3)

quino lider politico

(Continuación del post anterior)

La primera de estas ventajas es que esta definición genera un espacio para el reconocimiento apropiado del “hecho vital del caudillaje” (Schumpeter 1971: 344). Schumpeter critica abiertamente cómo la tradición clásica olvida el rol que juega el líder en la formación de la iniciativa de los propios individuos, es decir, la teoría clásica otorgaba a los individuos un “grado completamente irreal de iniciativa que prácticamente llegaba a ignorar el caudillaje”. Aproximarse de esta manera a las colectividades es algo erróneo dado que las colectividades “actúan casi exclusivamente mediante la aceptación del caudillaje; éste es el mecanismo esencial de toda acción colectiva que sea algo más que un simple reflejo”[1]. Aquí encontramos de igual modo una fuerte similitud freudiana por el papel central que le otorga al líder. Es el político aquel que  logra la cohesión de la colectividad. Sin un líder la colectividad no logra actuar. Justamente, la colectividad es definida por su capacidad de decisión y de acción para la consecución de algún objetivo determinado. Sin esta capacidad de decisión y acción no se diferencia, por ejemplo,  de las personas que se pueden encontrar en un momento dado en un parque. Pero, esta colectividad no es capaz de actuar sin la figura de un líder, no es capaz de decidir si no es por el influjo del líder. En otras palabras, para Schumpeter la figura del líder no solo es esencial para que una colectividad actúe, sino para la existencia de la misma. Sin caudillo la colectividad no existe, porque no está presente el elemento que permite su cohesión. Los miembros de esta “colectividad” no son capaces de identificarse entre sí pues no existe aquel mismo objeto que se coloca en el ideal del yo y que permite la consecuente identificación entre los miembros del grupo. Para Schumpeter la figura del caudillo es vital para la existencia, y consecuente actividad, de una colectividad es imperativa, sin el no hay colectividad. De igual modo que como para Freud, sin un líder no existía una multitud cohesionada.

La segunda ventaja que nos llama la atención es que en esta teoría las autenticas voliciones de grupo no son pasadas por alto. Por el contrario, “podemos insertarlas ahora exactamente en el papel que desempeñan en realidad. Tales voliciones no se afirman directamente, por regla general. Aun cuando sean vigorosas y definidas, permanecen latentes con frecuencia por espacio de décadas, hasta que son llamadas a la vida por algún leader político que las convierte entonces en factores políticos”. En otras palabras, aquellas voliciones que definen y, por tanto, diferencian un grupo de otro grupo solo se hacen patentes con la aparición de un líder que es capaz de encausarlas. Ahora bien, siguiendo este planteamiento un grupo se constituye como tal cuando sus intereses son patentes –un sindicato de trabajadores, de médicos, los hincas de un equipo de fútbol, entre otros. Es decir, si el grupo no hace manifiesto sus intereses ¿qué diferencia al sindicato de trabajadores del de médicos y a estos de los hinchas de un equipo de fútbol? Son justamente los intereses aquellos que diferencias, determinan y disciernen entre los grupos, las voliciones son aquellas que marcan los límites entre un grupo y otro, entre el sindicato de trabajadores y el de médicos. Los intereses son, por tanto, aquellos que cohesionan al grupo, que lo forman y delimitan, que lo constituyen como tal. Pero justamente, según Schumpeter, estos intereses solo se vuelven patentes con la aparición de un líder político.

En otras palabras, es la figura del líder la que logra cohesionar y formar el grupo, pues a partir de su presencia los intereses que definen al grupo como tal se vuelven manifiestos diferenciándolos de los otros grupos. Este líder (objeto) que organiza las voliciones y las estimula profesando determinados intereses ha sido introyectado por los individuos del grupo, lo cuales luego lo vuelven a erigir en el interior de su yo, alterándose de acuerdo al modelo de este objeto (los intereses que profesa el líder). La alteración sufrida por parte de los individuos va a corresponder a la manifestación directa de sus intereses que es permitida por su identificación con el objeto, el cual ocupa el lugar del ideal del yo. Dado que todos los miembros del grupo han puesto al mismo líder en remplazo de su ideal del yo, se logran identificar entre sí y, consecuentemente, constituirse como un grupo determinado. Por ejemplo, la izquierda peruana[2] a lo largo de la historia peruana, tanto durante la vieja como en la nueva izquierda, nunca ha logrado unificarse como grupo. Los intereses por los cuales muchos de los partidos políticos de izquierda han luchado se mantienen hoy en día. Sin embargo, aún no es posible que se manifiesten directamente como grupo, pues justamente carecen de un líder que pueda ser asumido como propio y a partir del cual se cohesione la izquierda como tal. Es más, uno de los momentos (por no decir el único) donde se logro esta unidad fue con el partido político “Izquierda Unida” a través de la figura de Alfonso Barrantes. Desde el otro punto de vista, podemos ver como la derecha –con Mario Vargas Llosa o Lourdes Flores- siempre se ha mantenido cohesionada dado que ha tenido un líder que ha permitido que se constituyan como grupo. Algo que no ha sucedido con la izquierda. A pesar de que sus intereses no han dejado de existir y se mantienen latentes, no se logran constituir como fuerza política pues carecen de un líder a partir del cual generar los lazos libidinales de identificación e introducción del mismo en remplazo del ideal del yo. Asimismo, no existe el instrumento (líder) a través del cual se hagan manifiestos dichos intereses que identifiquen a la colectividad.

[1] Ibid.

[2] Hablare de ‘la izquierda’ y ‘la derecha peruana’ asumiendo el sentido común que rodea a este tipo de categorización sin entrar en detalle a los supuestos de si es que se puede hablar de una izquierda o una derecha o, si es que esta dicotomía es ya invalida para todo tipo de análisis político.

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