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El líder y la masa freudiana (2)

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(Continuación del post anterior)

Bajo la interpretación psicoanalítica los lazos emocionales que unen a la multitud son pulsiones de amor que se han desviado de su objetivo original y siguen un modelo muy preciso que es el de las identificaciones. La identificación es la “más temprana exteriorización de una ligazón afectiva con otra persona” (Freud 2001: 99). Son tres las principales formas de identificación que se dan: i) con el padre, ii) con el objeto de elección amorosa y iii) a raíz de percibir  una cualidad común compartida con alguna otra persona que no es objeto de las pulsiones sexuales. Mientras más fuerte y significativa sea esta cualidad común, “tanto más exitosa podrá ser la identificación parcial y, así, corresponder al comienzo de un nuevo lazo” (Freud 2001: 101). Justamente este tercer tipo de identificación es la que lleva a la cohesión de los miembros de la multitud y será el líder aquella cualidad común sobre la cual se basa aquel lazo.

Este lazo con el líder es comprendido según Freud desde las diversas formas de ‘enamoramiento’. La primaria es la experiencia de la satisfacción sexual en un objeto, sin embargo, aquello con lo cual se ha investido al objeto pierde su sentido una vez satisfecha sexualmente la persona. Ahora, la certidumbre de que la necesidad ya satisfecha vuelva a despertarse es  el motivo inmediato por el cual se vuelca al objeto una investidura permanente y se lo ame, aún en intervalos de tiempo cuando el apetito se encuentra ausente. Esta situación conduce al amor como sentimiento ‘tierno’. La vida del individuo transcurre bajo el dominio de esta dualidad de amor no sensual, celestial, tierno y el sensual, terrenal. El individuo puede sobredeterminar al mismo objeto o tener sus dos polos investidos en objetos diferentes[1]. Un rasgo que emerge en este enamoramiento es que aquel objeto amado “goza de cierta exención de la crítica, sus cualidades son mucho más estimadas que en las personas a quienes no se ama o que en ese mismo objeto en la época en que no era amado” (Freud 2001: 106). Este juicio falseado se debe a la idealización del objeto que es el denominador común de las diferentes formas o diversos grados que adopta la transferencia al objeto de la libido narcisista, es decir, la investidura en el objeto de amor. El objeto es tratado como el yo propio. Por ello, “en muchas formas de la elección amorosa salta a la vista que el objeto sirve para sustituir un ideal del yo[2] propio, no alcanzado. Se ama en virtud de perfecciones a que se ha aspirado para el yo propio y que ahora a uno le gustaría procurarse, para satisfacer su narcisismo, por este rodeo”[3].

Ante este acercamiento uno se pregunta ¿qué tiene que ver estas investiduras afectivas de objeto con la relación que se da entre la multitud y el líder? Al estar uno enamorado, el yo resigna cada vez más todo reclamo, volviéndose más modesto mientras que el objeto se hace más “grandioso y valioso hasta que finalmente llega a poseer todo el amor de sí mismo del yo, y la consecuencia natural es el autosacrificio del yo. El objeto, por así decir, ha devorado al yo. (…) La situación puede resumirse cabalmente en una fórmula: El objeto se ha puesto en el lugar del ideal del yo” (Freud 2001: 107). A partir de este esclarecimiento Freud logra definirnos aquello que forma el vínculo social. Como se había dicho previamente la formación del grupo se debía a vínculos equivalentes forjados entre los individuos como resultado del amor común hacia un líder. Mediante estas elucidaciones tenemos que la fórmula de la constitución de una multitud:

Un grupo primario de esta índole está formada por una multitud de individuos que han puesto  un objeto, uno y el mismo, en el lugar de su ideal del yo, a consecuencia de lo cual se han identificado entre sí en su yo” (Freud 2001: 110)

Los individuos miembros de la masa han puesto en el ideal del yo al mismo objeto, razón por la cual han podido identificarse entre sí y, por tanto, unificarse en una masa. Por ejemplo, aunque de manera quizás un poco burda, el hecho de que te identifiques con un equipo de futbol, permite que se dé la identificación entre los hinchas del mismo equipo. La desaparición de los atributos individuales de la persona en la multitud se debe a que “el individuo renuncia a su  ideal del yo y lo permuta por el ideal del grupo corporizado en el líder” (Freud 2001: 122), o en este caso, en el equipo de futbol.

Sin embargo, Freud señala que en ciertas personas la separación entre su yo y su ideal del yo no ha llegado muy lejos y ambos coinciden con facilidad razón por la cual aquello que facilita la identificación entre los miembros del grupo no es solo el un amor común por el líder, sino que existe algún rasgo positivo compartido entre el líder y los liderados. A raíz de ello, se hace así posible cierto grado de identificación con el líder y no solo entre los yoes.  La identidad del líder se encuentra dividida pues participa en la sustancia misma de la comunidad que permite la identificación: “él es padre, pero también uno de los hermanos” (Laclau 2005).

[1] De esta dualidad se desprende también varias veces las discusiones entre parejas que se dicen: Lo que sucedió con la otra persona fue solo sexual, no significo nada. Es a ti a quien amo.

[2] Ich-Ideal: Se le atribuye las funciones de la observación de sí, la crítica, la conciencia moral, la censura onírica y el ejercicio de la principal influencia en la represión.

[3] Ibid.

El líder y la masa freudiana (1)

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Psicología de las masas y análisis del yo de Freud fue publicado en 1921 en Viena. Busca responder a las preguntas ¿qué es una ‘masa’, qué le presta la capacidad de influir tan decisivamente sobre la vida anímica del individuo, y en qué consiste la alteración anímica que impone a este último? (Freud 2001: 69). Seguirá en varias líneas la postura de Gustav Le Bon a la hora de caracterizar tanto la masa como el influjo que ésta produce sobre el individuo. El rasgo más notable que se da en una masa psicológica es que

“cualesquiera que sean los individuos que la componen y por diversos o semejantes que puedan ser su modo de vida, sus ocupaciones, su carácter o su inteligencia, el mero hecho de hallarse transformados en una masa los dota de una especie de alma colectiva en virtud de la cual sienten, piensan y actúan de manera enteramente distinta de cómo sentiría, pensaría y actuaría cada uno de ellos en forma aislada. Hay ideas y sentimientos que sólo emergen o se convierten en actos en los individuos ligados en masas” (Freud 2001: 70).

Así empieza su caracterización de la masa siguiendo a Le Bon como aquella fuerza unitaria frente a la cual el individuo pierde sus características personales, su peculiaridad y sufre por influencia de ella una alteración de su actividad anímica. Sin embargo, el distanciamiento que marca Freud con respecto a Le Bon se debe a que éste falla en explicar qué es aquello que une a los individuos dentro de una masa. Justamente, para Freud aquel medio de unión es lo característico de la masa. Pero, sigamos con la consideración o categorización de la masa por parte de Freud. Ésta es impulsiva, voluble y excitable. Esta caracterización permite que la masa sea “extraordinariamente influible y crédula, es acrítica (…) Piensa por imágenes que se evocan asociativamente unas a otras, tal como sobrevienen al individuo en los estados del libre fantaseo; ninguna instancia racional mide su acuerdo con la realidad” (Freud 2001:70). Las multitudes se encuentran sujetas al poder verdaderamente mágico de las palabras  las cuales al ser pronunciadas “los rostros cobran una expresión respetuosa y las cabezas se inclinan” (Freud 2001: 76). Ante esta situación no es viable oponerse mediante la argumentación racional. Estas masas solo piden ilusiones y esto es algo a lo que no pueden renunciar. Lo irreal tiene preeminencia sobre lo real y hasta influye con la misma fuerza que este último.  Así, la masa se mueve por la fantasía y se alimenta “de la ilusión sustentada por el deseo incumplido”.

Ahora bien, Freud busca qué es aquello que mantiene cohesionada a la masa, es decir, cual es la esencia del alma de la masa. Autores previos a él como Le Bon o McDougall habían señalado que la sugestión e imitación era aquello que unifica la masa. La sugestión produce influjos en las personas sin una base lógica suficiente y, justamente, los factores sociales se dan por una sugestión reciproca entre los individuos.  Sin embargo, hablar de una sugestión de la masa que genera una imitación o contagio entre los individuos era simplemente hacer equivalente estos tres conceptos y, más aun, la sugestión misma considerada como el fenómeno primordial de la masa no era susceptible de ulterior reducción. Para Freud, sus predecesores habían estado más interesados en describir las alteraciones que sufría un individuo al formar parte de una multitud que en la naturaleza misma del lazo social. Por ello, decide cambiar el concepto de sugestión (aquello que unifica, forma o cohesiona la masa), por el de libido como categoría clave para explicar el vínculo social.  Este no es más que una energía, una magnitud cuantitativa de aquellas pulsiones que “tienen que ver con todo lo que puede sintetizarse como ‘amor’” (Freud 2001: 86). Usa este concepto de una manera amplia en donde abarca no solo el amor que tiene como meta la unión sexual, sino también el amor por uno, el amor filial, el amor a los hijos, a la amistad, a la humanidad, entre otros. Para el autor son justamente los vínculos de amor, o lazos sentimentales, aquello que “constituye la esencia del alma de las masas”.

Freud busca esclarecer estos lazos libidinales poniendo como ejemplo a la Iglesia y el ejército. Los lazos libidinales operan, por un lado, vinculando a los miembros de estas instituciones entre sí y, por el otro, a todos estos miembros con sus líderes –Cristo o el jefe del ejercito. Este jefe es de suma importancia pues genera una ilusión: que el líder ama a todos los individuos de la masa por igual. De esta ilusión depende toda la estructura de cohesión de la masa, pues una vez rota la ilusión, lo único que sucede luego es la ruptura de la masa. Imaginemos, ¿qué sucedería con la Iglesia si se hiciera patente que Cristo no ama a todos por igual, que no todos participan de igual manera de su amor? La ruptura de la Iglesia. Por ello, “la ligazón de cada individuo con Cristo es también la causa de la ligazón que los une a todos. Algo parecido vale en el caso del ejército. (…) Cada capitán es el general en jefe y padre de su compañía, y cada suboficial, el de su sección” (Freud 2001: 90). Esta ligazón con el líder puede ser sustituida por una idea rectora y los vínculos entre los individuos estarían determinados por su ligazón con esta idea rectora, por ejemplo, lo que sucede con los partidos políticos institucionalizados de Europa, Estados Unidos, o el mundo, que no dependen del líder para mantenerse cohesionados, sino más bien de los ideales, principios que defienden. Este análisis freudiano de la ligazón libidinal entre los individuos de una multitud entre sí y con la idea rectora, es algo que será recogido por Ernesto Laclau (La razón populista, 2008) a la hora de analizar el populismo como un modo de construir lo político. Esta ligazón entre los individuos de la multitud y de ellos con el líder (o idea rectora) permite que la desintegración de la masa suceda cuando se da una desaparición repentina de la figura del líder.

10ª Conf.: El simbolismo del sueño

Hasta este punto habíamos encontrado que aquello que dificultaba la comprensión del sueño era la desfiguración onírica, la cual viene a ser la “consecuencia de una actividad censuradora dirigida contra las mociones de deseo inconscientes, desagradables” (pg. 136). En este sentido,  existe una censura frente a determinados deseos inconscientes que genera la desfiguración del sueño dificultando la comprensión del mismo.

Sin embargo, la actividad censuradora no sería el único factor responsable de la desfiguración, porque de eliminarse dicha censura, “el sueño manifiesto no sería aún idéntico a los pensamientos oníricos latentes”. Por ello, trabajará en esta conferencia en un segundo factor de la desfiguración del sueño, el simbolismo.

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Previamente en la Conferencia n° 7, Freud nos había señalado que existen tres tipos de relaciones entre el elemento manifiesto (aquello que el sueño cuenta como las imágenes, la historia, etc.) y el elemento latente (lo genuino, lo inconsciente). El simbolismo, o la relación simbólica, vendría a ser el cuarto tipo de relación entre estos elementos. El autor considera que “simbólica es toda relación constante entre un elemento onírico y su traducción, y al elemento onírico mismo, un símbolo del pensamiento onírico inconsciente”.

A continuación ejemplifica esta definición poniendo varios ejemplos sobre los símbolos que aparecen en los sueños con su usual traducción. Así, encontramos que la casa viene a ser una figuración típica de la persona humana; el nacimiento se encuentra figurado mediante una relación con el agua (cuando uno se precipita o sale de esta, cuando rescata o es rescatado del agua); el morir suele ser sustituido en el sueño por el partir, o viajar en ferrocarril; o la desnudez mediante vestidos y uniformes.

Para Freud la inmensa mayoría de los símbolos del sueño son símbolos sexuales (pg. 140). Por ejemplo, el miembro masculino suele estar sustituido simbólicamente por objetos que se le parecen en la forma como bastones, paraguas, varas, arboles; por objetos que tienen en común la propiedad de penetrar-en-el-cuerpo y de herir como cuchillos, lanzas, sables, dagas, revólveres; por objetos que pueden alargarse como portaminas extensibles, lámparas colgantes; u objetos de los que fluye agua como grifos, regaderas, surtidores. De igual manera, la propiedad del miembro de “enderezarse contra la fuerza de la gravedad […] tiene su figuración simbólica mediante aeróstatos, maquinas voladoras, o el dirigible Zeppelin” (pg. 141).

Por otra parte, los genitales femeninos son figurados simbólicamente por “todos aquellos objetos que comparten su propiedad de incluir un espacio cóncavo que pueda recoger algo dentro de él”, como pozos, cuevas, cavidades, vasijas, cajas, baúles, cofres, bolsos, barcos, el paisaje, etc. El vientre materno se puede relacionar con los armarios, hornos, o la habitación. En el simbolismo de la habitación, que linda con el de la casa, encontramos que “puertas y portales, pasan a ser, a su vez, símbolos de la abertura genital” (pg. 142). La madera, el papel, elementos hechos con estos materiales, como mesa y libros, así como el caracol y moluscos, vienen a ser símbolos femeninos.

Inevitablemente, luego de continuar haciendo menciones a diversos símbolos de esta misma índole (tocar el piano como símbolo de la masturbación o subir las escaleras como símbolo del acto sexual), surge la pregunta de cómo conocer con propiedad el significado de estos símbolos oníricos si es que el soñante no nos da la información (suficiente). Freud responderá que existen diversas fuentes como cuentos tradicionales, mitos, chistes del folklore, las costumbres, refranes y canciones, tanto del lenguaje poético como del lenguaje corriente, en donde estos simbolismos también se encuentran presentes. Ahora, Freud no está diciendo que estas fuentes sirven de base para la interpretación simbólica del sueño, sino que atestiguan también la simbología descrita previamente.

Ahora bien, ante lo expuesto encontramos cuatro conclusiones. La primera de ella es que “el soñante dispone de modos de expresión simbólica que en la vigilia no conoce ni reconoce. […] Solo podemos decir que el conocimiento del simbolismo es inconsciente para el soñante, pertenece a su vida mental inconsciente” (pg. 151). Segundo, que “estas referencias simbólicas no son algo peculiar del soñante o del trabajo onírico por el cual llegan a expresarse”, porque encontramos que del mismo simbolismo se sirven también los mitos, cuentos tradicionales, la fantasía poética, entre otros. El simbolismo onírico es solo una pequeña parte de la esfera del simbolismo en general.

Tercero, a diferencia del simbolismo que se da en los ámbitos mencionados anteriormente (mitos, cuentos, etc.), en el sueño “los símbolos se usan casi exclusivamente para expresar objetos y referencias sexuales” (pg. 152). A pesar de que Freud decide no indagar mucho en esta conclusión, menciona que se puede aceptar que existe un “vínculo particularmente íntimo entre los verdaderos símbolos y lo sexual”.  Pone como indicio la investigación del lenguaje realizada por Hans Sperber (1912) en donde “los sonidos iniciales del lenguaje servían a la comunicación y llamaban al compañero sexual: el posterior desarrollo de las raíces lingüísticas se adhirió a las actividades de trabajo de los hombres primordiales”. En otras palabras, el lenguaje se inicio para llamar a la pareja con fines sexuales y su ulterior desarrollo se dio con la expansión de las actividades de trabajo.

Finalmente, la cuarta conclusión a la que se llega es que a pesar de que no existiera una censura onírica, el sueño no nos sería comprensible aún porque existiría “la tarea de traducir el lenguaje simbólico del sueño al de nuestro pensamiento en vigilia. Por consiguiente, el simbolismo es, junto a la censura onírica, un segundo factor de la desfiguración del sueño y un factor autónomo” (pg. 154). No obstante, esto no significa que la censura onírica no utilice o se sirva del simbolismo ya que le procura el mismo objetivo: “la ajenidad y el carácter incomprensible del sueño”.

En suma, el simbolismo es un tipo de relación existente entre el contenido latente y el contenido manifiesto del sueño, viene a ser un factor de la desfiguración onírica, y es utilizado por la censura para dificultar la comprensión del sueño.

9ª Conf.: La censura onírica

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La conferencia anterior dejo en claro que “los sueños son eliminaciones de estímulos (psíquicos) perturbadores del dormir, por la vía de la satisfacción alucinatoria” (pg. 125), razón por la cual cada vez que un sueño nos resulta plenamente comprensible, revela ser el cumplimiento de un deseo. No obstante ello, la comprensión del sueño no es inmediata porque existe una desfiguración onírica que nos lo presenta como ajeno e incomprensible. Lo que buscará Freud en relación a esta desfiguración es saber, “en primer lugar, de dónde proviene, su dinamismo; en segundo lugar, lo que hace, y por último, cómo lo hace”.

El autor pondrá como ejemplo el sueño recurrente de una señora mayor (más de 50 años) en el cual ella ofrece a los miembros del ejército (sin distinción a su rango), dentro de un hospital militar, sus ‘servicios de amor’. Léase, la soñante está dispuesta a ofrecer su persona para la “satisfacción de las necesidades de amor del personal militar” (pg. 127). Sin embargo, dicho ‘servicio’ nunca ocurre durante el sueño  y, ahí donde la trama exigiría esta confesión, “hallamos un murmullo no nítido”. El sueño, lleno de detalles, encuentra lagunas y vacíos, murmullos en los diálogos, justo en aquellas partes más chocante, y es justamente ese carácter chocante, el motivo de su sofocación. Además, pone como ejemplo la censura que se da en la prensa, en donde justamente se censura aquello que es más chocante para la población.

Esta sofocación que se da en el sueño, viene a estar relacionada con la censura onírica, por lo que Freud señala que “dondequiera que haya lagunas dentro del sueño manifiesto, la censura onírica es la culpable”. Para él, son varias las maneras en las que se manifiesta la censura, ya sea i) recordando débil, imprecisa o dudosamente un elemento del sueño; o, ii) produciendo atenuaciones, aproximaciones, alusiones en lugar de lo genuino; o, iii) desplazando el acento, reagrupando los elementos del contenido del sueño. Así, la “omisión, modificación, reagrupamiento del material son, por tanto, los efectos de la censura onírica y los medios de la desfiguración del sueño. La censura onírica misma es la causante o uno de los causantes de la desfiguración del sueño” (pg. 129).

Las omisiones, lagunas, modificaciones, o reagrupamiento del contenido del sueño, son los medios que tiene la desfiguración onírica para llevar a cabo la censura, pero es esta aquella que impulsa, que genera, estas desfiguraciones. Lo que en el trabajo de la interpretación suele aparecer como la resistencia por alcanzar el elemento inconsciente, suele ser en el trabajo del sueño la censura, la cual no se agota en la producción de la desfiguración, sino que permanece con el objetivo de mantener dicha desfiguración.

Ahora bien, ¿qué es aquello que genera la censura?  Hasta el momento tenemos que la censura es la responsable de la desfiguración del sueño, pero aún no sabemos qué tendencias ejercen la censura y contra cuáles se ejercen. Para Freud la respuesta es fácil. “Las tendencias que ejercen la censura son las que el soñante admite despierto en su actividad judicativa y con las cuales se siente consustanciado. Si ustedes deciden rechazar la interpretación correctamente realizada de un sueño propio, tengan la seguridad de que lo hacen por los mismos motivos por los cuales se ejerció la censura onírica, se produjo la desfiguración del sueño y se hizo necesaria la interpretación” (pg. 130).

Por otra parte, las tendencias contra las cuales se dirige la censura onírica son de “naturaleza enteramente repudiable, chocantes en el aspecto ético, estético o social, cosas en las que ni siquiera se osa pensar o en que se piensa con repugnancia”. En otras palabras, las tendencias que ejercen la censura son aquellas con las cuales uno se siente más “cómodo”, considera que es lo “correcto”, como por ejemplo, sentimientos de cariño y protección hacía una hermana; mientras que las tendencias contra las cuales se dirige la censura serían los deseos sexuales hacia tu hermana, madre o padre.

En el sueño los deseos censurados que alcanzan una expresión desfigurada son “exteriorizaciones de un egoísmo sin límites ni miramientos. El yo propio aparece en todo sueño, y en todo sueño desempeña el papel principal, aunque sepa ocultarse muy bien en lo que hace al contenido manifiesto. Es […] un yo desembarazado de todo freno ético” (pg. 131). Este ‘yo’ que supone Freud se encuentra, en el sueño, desposeído de todo tipo de censura y busca la satisfacción de todos los deseos que tiene. No obstante, a fin de no interrumpir el dormir, la censura se ejerce y se desfigura el sueño frente a un deseo determinado.

A raíz de ello, encontramos que toda desfiguración onírica es proporcional a dos factores: por una parte, “se vuelve tanto mayor cuanto peores sean los deseos que han de censurarse, pero, por la otra, cuanto mayor sea la rigidez con que se presenten las exigencias de la censura en ese momento”. Por ejemplo, un sueño estimulado por el deseo sexual hacía un familiar será más desfigurado y, por ende, más difícil de encontrar aquel deseo estimulador, que un sueño estimulado por un deseo sexual hacía una persona que conoce. Por ello, es importante para Freud no solo encontrar aquellos deseos oníricos censurados, sino “también la censura que los sofoca y los hace irreconocibles”.

Finalmente, lo que se encuentra es que “la desfiguración onírica es una consecuencia de la censura ejercida por tendencias admitidas del yo en contra de mociones de deseo cualesquiera, chocantes, que se agitan en nosotros por las noches, mientras dormimos” (pg. 135). Estos deseos que buscan perturbarnos mientras dormimos, nos son desconocidos y solo mediante la interpretación del sueño nos enteramos de ellos; son, por tanto, inconscientes.

8ª Conf.: Sueños de niños

Esta conferencia se encuentra dedicada al estudio de los sueños de los niños porque estos permiten con mayor facilidad y certeza conseguir información sobre la esencia del sueño. Las razones de ello se debe a que estos suelen ser “breves, claros, coherentes, de fácil comprensión, unívocos y, con todo, indubitables” (pg. 115). Es decir, la desfiguración onírica mencionada previamente no estaría presente y, por ello, la comprensión del sueño no requiere de la aplicación de ninguna técnica pues es simplemente la reacción de la vida anímica frente a la vivencia (del día anterior) del niño.

Uno de los ejemplos de sueños de niños es el de una  niña de 3 años y tres meses que había navegado en un lago por primera vez. Cuando llegó el momento de desembarcarse no quiso y lloro amargadamente, pues el tiempo de viaje le había parecido muy corto. Al día siguiente comenta la niña: “Esta noche he viajado por el lago”.

Estos sueños se encuentran desprovistos de desfiguración, lo que significa que el “sueño manifiesto y sueño latente coinciden aquí. Por lo tanto, la desfiguración onírica no pertenece a la esencia del sueño” (pg. 117). Del mismo modo, el sueño del niño es la reacción a una vivencia del día que ha dejado tras sí un lamento, una añoranza, un deseo incumplido. Por ello, “el sueño brinda el cumplimiento directo, no disfrazado, de ese deseo”.

Lo que busca Freud es considerar aquel deseo incumplido como un estímulo anímico perturbador del dormir. Ante este estímulo el niño reacciona con el sueño el cual tramita el estímulo eliminándolo de tal manera que permite que siga durmiendo. Entonces, el sueño suele ser “el guardián del dormir, el que elimina las perturbaciones de este” (pg. 118).  Así, según Freud, es gracias al sueño que podemos dormir tan bien y sentirnos descansados.

Con ello encontramos dos caracteres principales del sueño. El primero, que el “excitador del sueño es un deseo y su cumplimiento es el contenido del sueño”. El segundo, que el sueño “no expresa simplemente un pensamiento, sino que figura ese deseo como cumplido en cuanto vivencia alucinatoria”. Consecuentemente, siguiendo con el ejemplo de la niña y el lago, tenemos que yo querría viajar por el lago es el deseo que incita al sueño y, el sueño mismo tiene por contenido: Yo viajo por el lago. De ello se sigue que, a pesar de la simpleza de los sueños de niño, existe una diferencia entre sueño latente y sueño manifiesto, “una desfiguración del pensamiento onírico latente:la trasposición del pensamiento en vivencia”. Por tanto, el deseo será siempre el excitador del sueño y este, no solo reproducirá ese estímulo, sino que “lo cancela, lo elimina, lo tramita mediante una suerte de vivencia” (pg. 119).

A continuación hace un paralelo entre estos caracteres del sueño y las operaciones fallidas. Las últimas eran el resultado de un compromiso entre una tendencia perturbada y una perturbadora. La misma figura se da en el sueño. La tendencia perturbada viene a ser la del dormir, mientras que la perturbadora es el estímulo psíquico, aquel deseo incumplido. Por tanto, “el sueño es, también, el resultado de un compromiso. Dormimos, y no obstante vivenciamos la cancelación de un deseo; satisfacemos un deseo, pero seguimos durmiendo”.

Ahora bien, gracias a la consideración de los sueños de niños se ha logrado una serie de esclarecimientos, los cuales son: “la función del sueño como guardián del dormir; su génesis a partir de dos tendencias concurrentes, una de las cuales, el afán de dormir, permanece constante, y la otra aspira a satisfacer un estímulo psíquico; la prueba de que el sueño es un acto psíquico provisto de sentido; sus dos caracteres principales: cumplimiento de deseo y vivenciar alucinatorio” (pg. 120).

A diferencia de otros sueños (no infantiles) que han pasado por una desfiguración tal que se hace imposible juzgarlos a primera vista, lo que hace necesario el uso de una técnica psicoanalítica (como la asociación libre) para esclarecer la desfiguración (sacando a la luz lo inconsciente), existen otras clases de sueños que no están desfigurados y permiten reconocer fácilmente el cumplimiento del deseo. Entre ellos están “los provocados durante toda la vida por las necesidades corporales imperativas, el hambre, la sed, la satisfacción sexual” (pg. 121). Aquí se recurre al sueño para preservar el dormir pues a través del mismo se logra satisfacer aquella necesidad.  Otros sueños, que suelen ser breves, están influenciados por situaciones dominantes que proceden de fuentes psíquicas de estímulo como, por ejemplo, los sueños de impaciencia. El cuadro de Schwind ‘El sueño del prisionero’ muestra, según Freud, la génesis de un sueño a partir de una situación dominante.

Concluye la conferencia mencionando que en todos los sueños (excepto los de los niños y tipo infantiles) se da la desfiguración onírica. Por ello, no podemos saber a primera vista si son cumplimiento de deseo porque el contenido manifiesto no deja adivinar el “estímulo psíquico al que debe su origen” (pg. 124). Consecuentemente, se hace necesaria su interpretación (traducción) para poder revertir la desfiguración y sustituir el “contenido manifiesto por el latente” para poder comprender el estimulo psíquico que lo origino.

7ª Conf.: Contenido manifiesto del sueño y pensamientos oníricos latentes

Se inicia la conferencia definiendo la concepción del elemento onírico así como la técnica para la interpretación del sueño. El elemento onírico “es algo no genuino, un sustituto de otra cosa, de algo desconocido para el soñante” (pg. 103). El conocimiento de aquello de lo cual el elemento onírico es un sustituto está presente en el soñante, pero le es inaccesible. Por otra parte, la técnica radica en que “emerjan, por asociación libre sobre estos elementos, otras formaciones sustitutivas desde las que podemos colegir lo oculto”.

En este punto Freud introducirá el concepto de lo inconsciente para referirse a lo que previamente había sido descrito como ‘oculto’, ‘inaccesible’, ‘no genuino’, a todo aquello ‘inaccesible a la conciencia del soñante’. Por oposición se llamaran conscientes a “los elementos oníricos mismos y a las representaciones sustitutivas adquiridas por asociación a partir de ellos”.  Con esta definición no busca armar toda una construcción teórica, pero si rescatar que el uso de la palabra ‘inconsciente’ como descripción conveniente y fácilmente comprensible es inobjetable.

Ahora bien, si se toma la concepción del elemento onírico y se lo transfiere a todo el sueño, se tiene que el “sueño como un todo es el sustituto desfigurado de algo diverso, de algo inconsciente, y la tarea de la interpretación del sueño consiste en hallar eso inconsciente” (pg. 103). En otras palabras, el sueño es una totalidad desfigurada. En este punto surgen tres reglas que deben seguirse para el trabajo de la interpretación:

a)      No hay que hacer caso de lo que el sueño parece querer decir, pues nunca será eso lo inconsciente que se busca

b)      Limitar el trabajo a evocar para cada elemento las representaciones sustitutivas sin reflexionar sobre ellas

c)       Esperar hasta que lo inconsciente oculto, buscado, se instale por sí solo

En este punto salta a la vista lo indiferente que es cuanto recordemos del sueño y con cuanta fidelidad. Esto se debe a que el sueño recordado no es lo genuino, sino su sustituto desfigurado. Mediante evocaciones de otras formaciones sustitutivas se nos ayudará a “acercarnos a lo genuino, a hacer consciente lo inconsciente del sueño. Por tanto, si nuestro recuerdo es infiel, simplemente se debe a que se ha introducido en ese sustituto una desfiguración más (pg. 104)”.

A pesar de explicarle al soñante (paciente) la técnica interpretativa del sueño, surgen sin embargo ciertas objeciones para el trabajo interpretativo  por parte del soñante a la hora de comunicar las ocurrencias. Son principalmente cuatro las objeciones: i) que es demasiado trivial, ii) demasiado disparatada, iii) que no viene al caso, o iv) demasiado penosa para comunicarla.  Lo que sucede es que el trabajo de la interpretación se cumple en contra de una resistencia cuyas exteriorizaciones son estas objeciones y son justamente aquellas ocurrencias que querían sofocarse (ocultarse) las que “se revelan sin excepción como las más importantes, las decisivas para descubrir lo inconsciente” (pg. 105).

En este punto introduce un elemento cuantitativo (o si se prefiere gradual) con respecto a la resistencia. Cuando “la resistencia es escasa, el sustituto no está muy alejado de lo inconsciente; pero una resistencia mayor conlleva mayores desfiguraciones de lo inconsciente y, por tanto, una distancia mayor desde el sustituto hasta lo inconsciente” (pg. 106). Es decir, cuando existe muy poca resistencia con aquello inconsciente (por ejemplo, algún deseo en particular) la desfiguración del sueño es muy baja y, por ello, es fácil que una ocurrencia (o unas pocas) nos lleve desde el elemento onírico hasta su inconsciente. Mientras que si existe una mayor resistencia con respecto a ese deseo en particular las desfiguraciones van a ser mayores y se necesitaran de largas cadenas de asociaciones para llegar a lo inconsciente.

Así Freud introduce dos elementos: contenido manifiesto del sueño y pensamientos latentes del sueño.   El primero es aquello que el sueño cuenta (las imágenes, historia, etc.) mientras que lo segundo es aquello oculto a lo cual se debe llegar persiguiendo las ocurrencias. Existen diversas relaciones entre estos dos elementos y Freud mencionará tres de ellas en esta conferencia (la cuarta será en la Conf. 10).

La primera, la podemos encontrar a veces cuando elemento manifiesto es un ingrediente de los pensamientos latentes. Esto significa que un pequeño trozo de los pensamientos latentes (inconscientes) ha llegado hasta el sueño manifiesto como un fragmento, y el trabajo interpretativo tiene que completar este fragmento hasta formar un todo. El ejemplo al que recurre Freud es lo soñado frecuentemente por una mujer cuando era niña: “Recuerdo aún que de niña soné repetidas veces: El buen Dios tiene un bonete de papel puntiagudo sobre la cabeza. Ahora bien, un bonete así solían ponerme muchas veces estando en la mesa, para que yo no pudiese atisbar el plato de los otros niños y ver cuánto les daban de algún manjar. Como había oído decir que Dios es omnisapiente, el sueño significa que yo lo sabía todo a pesar del bonete que me pusieron”.

La segunda relación viene a ser la sustitución por un fragmento o una alusión. Con ello, lo que ocurre es que en el sueño surge algún tipo de imagen o palabra, que hace referencia a un pensamiento latente más complejo y completo. Tenemos el sueño de un paciente en donde alrededor de una mesa de forma particular están sentados varios miembros de su familia. La mesa, según lo contado por el paciente, es la misma que tenía una determinada familia a la que visitó, y lo que le llamo la atención de dicha familia era la relación particular entre padre e hijo, porque sucedía lo mismo entre su padre y el. Consecuentemente, “la mesa ha sido recogida en el sueño para designar este paralelo”.

Antes de pasar a la tercera relación, es importante dejar en claro, que todo lo incluido en el sueño no es ni contingente ni indiferente, en tanto que se puede obtener un mayor esclarecimiento hasta con los detalles más ínfimos.

Finalmente, la tercera relación es la ilustración en imágenes, en donde lo soñado viene a ser la “expresión en imágenes plásticas, concretas, que toman como punto de partida la literalidad de ciertas palabras” (pg. 110). Por ejemplo, una persona sueña que “su hermano está en una caja. La primera ocurrencia sustituye caja por ‘armario’ (Schrank), y la segunda le da la interpretación: el hermano se restringe (schränkt sich ein)” (pg. 110). Este tipo de relación tiene una particular importancia, porque el sueño manifiesto consta “prevalecientemente de imágenes visuales, y más raras veces de pensamientos y palabras”.

Citare a continuación en extenso un sueño así como la interpretación final que hace Freud del mismo para ver cómo funcionan los dos elementos mencionados previamente:

“Muy bien; una mujer joven, pero casada desde hace muchos años, sueña: Está sentada con su marido en el teatro, un sector de la platea está totalmente desocupado. Su marido le cuenta que Elise L. y su prometido también habían querido ir, pero sólo consiguieron malas localidades, 3 por 1 florín y 50 kreuzer, y no pudieron tomarlas. Ella piensa que eso no habría sido una calamidad”.

Luego de llevar a cabo el trabajo de análisis siguiendo las ocurrencias que la mujer le comentaba para cada uno los elementos oníricos del sueño concluye con la interpretación: “ «¡Fue sin duda un disparate de mi parte apurarme así con el casamiento! Por el ejemplo de Elise veo que aun más tarde habría conseguido marido». (El apresuramiento es figurado por su conducta hacia la compra de las entradas y la de su cuñada hacia la compra de la alhaja. El ingresar en el teatro aparece como sustituto del casarse.) […] Sólo hemos llegado a discernir que el sueño expresa el menosprecio por su propio marido y el lamentarse por haberse casado tan temprano” (pg. 112).

Para que no quede tan en el aire esta interpretación, vemos como ‘platea totalmente desocupada’ es el indicador del haber llegado temprano al casamiento (teatro). Mientras que el disparate se sigue de ‘las 3 localidades por 1 florín y 50 kreuzer’ pues solo era Elise y su prometido. De igual modo el menosprecio por el marido se sigue de ‘las malas localidades’ que la soñante pensaba que ‘no hubiera sido una calamidad tomarlas’. En este punto, es importante señalar que Freud reconoce que aún “no estamos armados para interpretar un sueño”.

Sin embargo, tomando en consideración el sueño concluye la conferencia señalando que la relación entre elementos manifiestos y latentes no es simple, sino más bien “tiene que ser una relación de masas entre ambos campos, dentro de la cual un elemento manifiesto puede subrogar a varios latentes, o uno latente puede estar sustituido por varios manifiestos” (pg. 113).  En otras palabras, en un sueño una sola imagen puede comprender varios elementos latentes, del mismo modo que varios elementos manifiestos pueden ser sustitutos de un mismo elemento latente (inconsciente).

6ª Conf.: Premisas y técnica de la interpretación

Empieza la conferencia afirmando que el sueño no es un fenómeno somático, sino psíquico. Por tanto, “es una operación y una manifestación del soñante, pero de tal índole que no nos dice nada y no lo comprendemos” (pg. 91).  Ello significa que se debe inquirir al soñante con respecto al significado de su sueño (como se hacía con respecto a las operaciones fallidas).

El soñante será aquel que nos diga lo que el sueño significa, a pesar de que confiese que nada sabe. En esta situación no se debe abandonar el intento de comprender lo que el sueño significa, porque es muy probable “que el soñante a pesar de todo sepa lo que su sueño significa, sólo que no sabe lo que sabe y por eso cree que no lo sabe” (pg. 92). Cómo sucedía en el caso de la reminiscencia en Platón (cfr. Menón).

En este punto, según Freud, nos enfrentamos a dos supuestos. El primero es que el sueño es un fenómeno psíquico. Esta premisa será algo que se demostrará  luego como resultado del trabajo. El segundo, que en el hombre hay cosas anímicas que él sabe sin saber que las sabe. Este supuesto ya fue demostrado previamente (actos fallidos) y simplemente ha sido transferido al problema del sueño.

Para comprender esta última premisa, Freud hace un paralelo con los experimentos de hipnosis hechos por Bernheim. En ellos, aquel que ha sido hipnotizado no tiene recuerdos de aquello que hizo y, sin embargo, luego de insistencias hechas por Bernheim los hipnotizados empezaban a recordar poco a poco hasta que la totalidad de la vivencia se manifestaba sin lagunas. Este mismo caso es conjeturado con respecto al soñante. Así, si alguien “cree no saber nada de ciertas vivencias cuyo recuerdo, no obstante, lleva en el interior de sí, ya no es tan improbable que tampoco sepa nada de otros procesos anímicos que ocurren en su interior” (pg. 94). Consecuentemente, el soñante tiene un saber acerca de su sueño, sólo que no le es accesible y por esta razón no cree tenerlo.

Ahora, de lo que se trata es de posibilitarle al soñante que descubra su saber y nos lo comunique. Lo importante aquí no es preguntarle al soñante cual cree que es el sentido del sueño, pero si “el origen de este, el círculo de pensamientos y de intereses del que proviene” (pg. 95), porque estos podrán descubrirlo. Entonces, se le pregunta al soñante por el modo en que ha llegado al sueño y “lo que él inmediatamente enuncie deberá considerarse como un esclarecimiento”. Se pasara por alto toda diferencia entre aquello que crea saber o no lo crea, y se trataran ambos casos como uno solo. Con esta simple técnica nace un tercer supuesto. Para tratar de responder a este supuesto se buscará diferenciar el sueño con el desliz en el habla (por la multiplicidad de elementos del primero) y así, descomponerlo en sus elementos para abordar la indagación de cada uno de ellos por separado.

La objeción que surge en este punto es que al preguntarle el soñante sobre un elemento del sueño puede que no se le ocurra nada o “Dios sabe qué cosa”. Sin embargo, se le contradirá al soñante si asevera que nada se le ocurre, se le insistirá asegurando que tiene que tener alguna ocurrencia y, al fin, se la obtendrá. No importara qué ocurrencia se le venga. Según Freud, las informaciones históricas suelen comunicarse con particular facilidad y se verá que los anudamientos de los sueños a impresiones de los últimos días son más frecuentes de lo pensado. Así, “a partir del sueño el soñante se acordará de acontecimientos lejanos, y eventualmente incluso de un pasado muy remoto” (pg. 96).

Lo que se busca enfatizar es que se tome y respete como un hecho lo que se le ocurra al preguntado/soñante/paciente (y no otra cosa). Pues puede “demostrarse que la ocurrencia que el preguntado produce no es arbitraria ni indeterminada, y no está desconectada de lo que nosotros buscamos”. Justamente, cuando se le pide al soñante que diga que es aquello que se le ocurre sobre un elemento determinado, se le está pidiendo que “se abandone a la asociación libre reteniendo una representación de partida”. A algunos se les hará sencilla una actitud de este estilo, mientras que otros mostraran una increíble falta de habilidad para hacerlo. Puede darse también una mayor libertad de asociación, cuando por ejemplo se abandona la representación de partida y, se establece por ejemplo, “el género y la especie de la ocurrencia”. Según Freud, las ocurrencias están “estrictamente determinadas por importantes actitudes interiores” que no son conocidas en el momento en que producen sus efectos (como en el caso de las tendencias perturbadoras en las operaciones fallidas).

Ahora bien, en el aparente libre albedrío de la asociación libre “no puede surgir como ocurrencia ningún nombre que no resulte estrictamente condicionado por las circunstancias inmediatas, las peculiaridades de la persona que se somete al experimento y su situación del momento” (pg. 98). Por tanto, si las ocurrencias que emergen de manera enteramente libre están condicionadas, las ocurrencias con una ligazón única (a saber, la representación de partida) no pueden estar menos condicionadas. Esta ocurrencia sobre el elemento onírico estará determinado por el trasfondo psíquico de ese mismo elemento, el cual “no nos es conocido” (pg. 99).

Para tratar de explicar este punto pone como ejemplo el olvido de nombres propios. A veces uno se olvida un nombre específico pero sabe en el interior con certeza de que si lo sabe y, aún así, el nombre olvidado es inaccesible. A pesar de ello, en todos los casos se nos pueden ocurrir uno o varios nombres sustitutivos. Todos estos nombres sustitutivos que aparecen tanto espontáneamente como evocados por la persona, mantienen un vínculo con el olvidado y estaban determinados por él. Freud menciona un caso personal en donde se había olvidado el nombre de un país cuya capital es Montecarlo. Para recordarlo abandona la reflexión y deja que se le ocurran nombres sustitutivos y le vienen: Montecarlo, Piamonte, Albania, Montevideo, Colico, Montenegro. Así, descubre que cuatro de estos nombres llevan la misma sílaba món y captura el nombre olvidado: Mónaco. Consecuentemente, “los nombres sustitutivos han partido en efecto del olvidado”. Además, dice el autor, “con facilidad hallo lo que me ha escamoteado ese nombre por un tiempo. Mónaco tiene relación también con Munich, es su nombre en italiano; esta ciudad ha ejercido la influencia inhibidora” (pg. 101).

A pesar de reconocer que este ejemplo es bello, pero simple, sin embargo, debería poderse lograr lo mismo en el sueño lo que con el  olvido de nombres, a saber: “volver accesible lo genuino retenido, mediante asociaciones anudadas a partir de un sustituto. Siguiendo el ejemplo del olvido de nombres, podemos suponer que las asociaciones sobre el elemento onírico estarán determinadas tanto por este último cuanto por lo genuino inconsciente que le corresponde” (pg. 102).


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