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9ª Conf.: La censura onírica

censura

La conferencia anterior dejo en claro que “los sueños son eliminaciones de estímulos (psíquicos) perturbadores del dormir, por la vía de la satisfacción alucinatoria” (pg. 125), razón por la cual cada vez que un sueño nos resulta plenamente comprensible, revela ser el cumplimiento de un deseo. No obstante ello, la comprensión del sueño no es inmediata porque existe una desfiguración onírica que nos lo presenta como ajeno e incomprensible. Lo que buscará Freud en relación a esta desfiguración es saber, “en primer lugar, de dónde proviene, su dinamismo; en segundo lugar, lo que hace, y por último, cómo lo hace”.

El autor pondrá como ejemplo el sueño recurrente de una señora mayor (más de 50 años) en el cual ella ofrece a los miembros del ejército (sin distinción a su rango), dentro de un hospital militar, sus ‘servicios de amor’. Léase, la soñante está dispuesta a ofrecer su persona para la “satisfacción de las necesidades de amor del personal militar” (pg. 127). Sin embargo, dicho ‘servicio’ nunca ocurre durante el sueño  y, ahí donde la trama exigiría esta confesión, “hallamos un murmullo no nítido”. El sueño, lleno de detalles, encuentra lagunas y vacíos, murmullos en los diálogos, justo en aquellas partes más chocante, y es justamente ese carácter chocante, el motivo de su sofocación. Además, pone como ejemplo la censura que se da en la prensa, en donde justamente se censura aquello que es más chocante para la población.

Esta sofocación que se da en el sueño, viene a estar relacionada con la censura onírica, por lo que Freud señala que “dondequiera que haya lagunas dentro del sueño manifiesto, la censura onírica es la culpable”. Para él, son varias las maneras en las que se manifiesta la censura, ya sea i) recordando débil, imprecisa o dudosamente un elemento del sueño; o, ii) produciendo atenuaciones, aproximaciones, alusiones en lugar de lo genuino; o, iii) desplazando el acento, reagrupando los elementos del contenido del sueño. Así, la “omisión, modificación, reagrupamiento del material son, por tanto, los efectos de la censura onírica y los medios de la desfiguración del sueño. La censura onírica misma es la causante o uno de los causantes de la desfiguración del sueño” (pg. 129).

Las omisiones, lagunas, modificaciones, o reagrupamiento del contenido del sueño, son los medios que tiene la desfiguración onírica para llevar a cabo la censura, pero es esta aquella que impulsa, que genera, estas desfiguraciones. Lo que en el trabajo de la interpretación suele aparecer como la resistencia por alcanzar el elemento inconsciente, suele ser en el trabajo del sueño la censura, la cual no se agota en la producción de la desfiguración, sino que permanece con el objetivo de mantener dicha desfiguración.

Ahora bien, ¿qué es aquello que genera la censura?  Hasta el momento tenemos que la censura es la responsable de la desfiguración del sueño, pero aún no sabemos qué tendencias ejercen la censura y contra cuáles se ejercen. Para Freud la respuesta es fácil. “Las tendencias que ejercen la censura son las que el soñante admite despierto en su actividad judicativa y con las cuales se siente consustanciado. Si ustedes deciden rechazar la interpretación correctamente realizada de un sueño propio, tengan la seguridad de que lo hacen por los mismos motivos por los cuales se ejerció la censura onírica, se produjo la desfiguración del sueño y se hizo necesaria la interpretación” (pg. 130).

Por otra parte, las tendencias contra las cuales se dirige la censura onírica son de “naturaleza enteramente repudiable, chocantes en el aspecto ético, estético o social, cosas en las que ni siquiera se osa pensar o en que se piensa con repugnancia”. En otras palabras, las tendencias que ejercen la censura son aquellas con las cuales uno se siente más “cómodo”, considera que es lo “correcto”, como por ejemplo, sentimientos de cariño y protección hacía una hermana; mientras que las tendencias contra las cuales se dirige la censura serían los deseos sexuales hacia tu hermana, madre o padre.

En el sueño los deseos censurados que alcanzan una expresión desfigurada son “exteriorizaciones de un egoísmo sin límites ni miramientos. El yo propio aparece en todo sueño, y en todo sueño desempeña el papel principal, aunque sepa ocultarse muy bien en lo que hace al contenido manifiesto. Es […] un yo desembarazado de todo freno ético” (pg. 131). Este ‘yo’ que supone Freud se encuentra, en el sueño, desposeído de todo tipo de censura y busca la satisfacción de todos los deseos que tiene. No obstante, a fin de no interrumpir el dormir, la censura se ejerce y se desfigura el sueño frente a un deseo determinado.

A raíz de ello, encontramos que toda desfiguración onírica es proporcional a dos factores: por una parte, “se vuelve tanto mayor cuanto peores sean los deseos que han de censurarse, pero, por la otra, cuanto mayor sea la rigidez con que se presenten las exigencias de la censura en ese momento”. Por ejemplo, un sueño estimulado por el deseo sexual hacía un familiar será más desfigurado y, por ende, más difícil de encontrar aquel deseo estimulador, que un sueño estimulado por un deseo sexual hacía una persona que conoce. Por ello, es importante para Freud no solo encontrar aquellos deseos oníricos censurados, sino “también la censura que los sofoca y los hace irreconocibles”.

Finalmente, lo que se encuentra es que “la desfiguración onírica es una consecuencia de la censura ejercida por tendencias admitidas del yo en contra de mociones de deseo cualesquiera, chocantes, que se agitan en nosotros por las noches, mientras dormimos” (pg. 135). Estos deseos que buscan perturbarnos mientras dormimos, nos son desconocidos y solo mediante la interpretación del sueño nos enteramos de ellos; son, por tanto, inconscientes.

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8ª Conf.: Sueños de niños

Esta conferencia se encuentra dedicada al estudio de los sueños de los niños porque estos permiten con mayor facilidad y certeza conseguir información sobre la esencia del sueño. Las razones de ello se debe a que estos suelen ser “breves, claros, coherentes, de fácil comprensión, unívocos y, con todo, indubitables” (pg. 115). Es decir, la desfiguración onírica mencionada previamente no estaría presente y, por ello, la comprensión del sueño no requiere de la aplicación de ninguna técnica pues es simplemente la reacción de la vida anímica frente a la vivencia (del día anterior) del niño.

Uno de los ejemplos de sueños de niños es el de una  niña de 3 años y tres meses que había navegado en un lago por primera vez. Cuando llegó el momento de desembarcarse no quiso y lloro amargadamente, pues el tiempo de viaje le había parecido muy corto. Al día siguiente comenta la niña: “Esta noche he viajado por el lago”.

Estos sueños se encuentran desprovistos de desfiguración, lo que significa que el “sueño manifiesto y sueño latente coinciden aquí. Por lo tanto, la desfiguración onírica no pertenece a la esencia del sueño” (pg. 117). Del mismo modo, el sueño del niño es la reacción a una vivencia del día que ha dejado tras sí un lamento, una añoranza, un deseo incumplido. Por ello, “el sueño brinda el cumplimiento directo, no disfrazado, de ese deseo”.

Lo que busca Freud es considerar aquel deseo incumplido como un estímulo anímico perturbador del dormir. Ante este estímulo el niño reacciona con el sueño el cual tramita el estímulo eliminándolo de tal manera que permite que siga durmiendo. Entonces, el sueño suele ser “el guardián del dormir, el que elimina las perturbaciones de este” (pg. 118).  Así, según Freud, es gracias al sueño que podemos dormir tan bien y sentirnos descansados.

Con ello encontramos dos caracteres principales del sueño. El primero, que el “excitador del sueño es un deseo y su cumplimiento es el contenido del sueño”. El segundo, que el sueño “no expresa simplemente un pensamiento, sino que figura ese deseo como cumplido en cuanto vivencia alucinatoria”. Consecuentemente, siguiendo con el ejemplo de la niña y el lago, tenemos que yo querría viajar por el lago es el deseo que incita al sueño y, el sueño mismo tiene por contenido: Yo viajo por el lago. De ello se sigue que, a pesar de la simpleza de los sueños de niño, existe una diferencia entre sueño latente y sueño manifiesto, “una desfiguración del pensamiento onírico latente:la trasposición del pensamiento en vivencia”. Por tanto, el deseo será siempre el excitador del sueño y este, no solo reproducirá ese estímulo, sino que “lo cancela, lo elimina, lo tramita mediante una suerte de vivencia” (pg. 119).

A continuación hace un paralelo entre estos caracteres del sueño y las operaciones fallidas. Las últimas eran el resultado de un compromiso entre una tendencia perturbada y una perturbadora. La misma figura se da en el sueño. La tendencia perturbada viene a ser la del dormir, mientras que la perturbadora es el estímulo psíquico, aquel deseo incumplido. Por tanto, “el sueño es, también, el resultado de un compromiso. Dormimos, y no obstante vivenciamos la cancelación de un deseo; satisfacemos un deseo, pero seguimos durmiendo”.

Ahora bien, gracias a la consideración de los sueños de niños se ha logrado una serie de esclarecimientos, los cuales son: “la función del sueño como guardián del dormir; su génesis a partir de dos tendencias concurrentes, una de las cuales, el afán de dormir, permanece constante, y la otra aspira a satisfacer un estímulo psíquico; la prueba de que el sueño es un acto psíquico provisto de sentido; sus dos caracteres principales: cumplimiento de deseo y vivenciar alucinatorio” (pg. 120).

A diferencia de otros sueños (no infantiles) que han pasado por una desfiguración tal que se hace imposible juzgarlos a primera vista, lo que hace necesario el uso de una técnica psicoanalítica (como la asociación libre) para esclarecer la desfiguración (sacando a la luz lo inconsciente), existen otras clases de sueños que no están desfigurados y permiten reconocer fácilmente el cumplimiento del deseo. Entre ellos están “los provocados durante toda la vida por las necesidades corporales imperativas, el hambre, la sed, la satisfacción sexual” (pg. 121). Aquí se recurre al sueño para preservar el dormir pues a través del mismo se logra satisfacer aquella necesidad.  Otros sueños, que suelen ser breves, están influenciados por situaciones dominantes que proceden de fuentes psíquicas de estímulo como, por ejemplo, los sueños de impaciencia. El cuadro de Schwind ‘El sueño del prisionero’ muestra, según Freud, la génesis de un sueño a partir de una situación dominante.

Concluye la conferencia mencionando que en todos los sueños (excepto los de los niños y tipo infantiles) se da la desfiguración onírica. Por ello, no podemos saber a primera vista si son cumplimiento de deseo porque el contenido manifiesto no deja adivinar el “estímulo psíquico al que debe su origen” (pg. 124). Consecuentemente, se hace necesaria su interpretación (traducción) para poder revertir la desfiguración y sustituir el “contenido manifiesto por el latente” para poder comprender el estimulo psíquico que lo origino.


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