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Schumpeter: el líder político, la voluntad general y la democracia (2)

(Continuación del post anterior)

Ahora bien, la tercera crítica contra la herencia clásica es aquel en donde ataca la naturaleza misma de la voluntad general. Esta es una construcción social que tiene poco o nada de fundamento independiente o racional.  A lo que está apuntando Schumpeter es a la facilidad de manipulación de los intereses, deseos y elecciones individuales que se dan mediante la creación de necesidades por parte de los políticos (o, en varios casos, los publicistas). Aquí, los ciudadanos son considerados como consumidores de políticos, los cuales son elegidos no por elección propia del individuo sino porque son sugestionados a la elección del mismo. No existe una suerte de voluntad ‘pura’ o independiente de toda influencia, sino todo lo contrario. La voluntad de las personas, está lejos de ser independiente y es, más bien, el resultado de una manipulación por parte de los políticos. No existe consecuentemente una base política independiente de los individuos. A esta situación se le debe añadir todas las técnicas publicitarias por parte de los políticos que “erosiona aún más cualquier fe en que la idea liberal o radical de la ‘soberanía popular’ sea, o pueda ser, la fuente de control de los ‘poderes soberanos del estado’” (Held 1993: 210).

La voluntad política según Schumpeter es fabricada, manufacturada pero no genuina. El individuo para él podía ser activo tanto en el ámbito del consumo como en el de la vida privada, sin embargo esto no sucede así en la esfera política. Ser un ciudadano activo en la política no es viable. Toda supuesta actividad del ser humano ha sido sugestionada por parte de los políticos. De ello se infiere que el buen político no es aquel que es elegido por el pueblo, sino aquel que elige quienes son los que van a votar por él. Podemos ir viendo como el autor a la hora de tratar la relación entre políticos y votantes recoge mucho de la concepción de la psicología de las masas de Freud.

Para empezar, aquella voluntad general fabricada a la que apela Schumpeter, no puede ser justamente una voluntad que abarque la totalidad del ‘pueblo’, sino más bien será una voluntad general delimitada, es decir, perteneciente a una determinada multitud de individuos. Aquello que cohesiona esta voluntad general fabricada es precisamente que las voluntades individuales apuntan a un determinado ‘bien común’. Sin embargo, este bien común no es determinado por los propios individuos, sino que es una idea rectora que ha sido sugestionada por el político (como los fue el eslogan de Obama en las elecciones primarias y nacionales del 2008 ‘Change: We can believe in’). En otras palabras, la idea rectora personificada en el político es aquello que permite la manufacturación por parte del político.

La voluntad del pueblo “es el producto y no la fuerza propulsora del proceso político” (Schumpeter 1971: 336). Este es justamente el trabajo publicitario de los eslogans en las campañas. Por ejemplo, en el Perú durante la campaña fujimorista de 1990 ‘Honradez, trabajo y tecnología’ era la idea rectora que logro la cohesión electoral. La multitud se identifico con esta idea personificada en Fujimori lo que a su vez genero la identificación entre sí de los otros votantes, permitiendo que gane en la segunda vuelta. Esta fabricación de la voluntad que recoge Schumpeter  tiene como telón de fondo la concepción de la multitud esbozada por Freud, pues el elemento principal de su fabricación no es solo la fácil sugestionabilidad de los individuos, sino que la cohesión de la voluntad se da gracias a un líder político. Esta voluntad fabricada bajo los ojos del psicoanálisis también nos abre otra perspectiva para lograr comprender por qué se dan aquellas ‘avalanchas electorales’ en las campañas.

Consecuentemente, al concebir la volonté générale como una voluntad fabricada, imposible de abarcar la totalidad del ‘pueblo’ y que se encuentra bajo la manipulación de cualquier político, se deriva como consecuencia lógica para Schumpeter que las personas deben intervenir lo menos posible en las decisiones políticas. Su participación debe quedar restringida a la elección de aquellos que toman las decisiones políticas. Así el pueblo tiene como papel “crear un gobierno o algún otro organismo intermediario, el cual crearía  a su vez, un ejecutivo nacional o gobierno” (Schumpeter 1971: 343). La democracia es vista como un método político en donde el pueblo elige regularmente entre equipos posibles de líderes. Si bien esto puede resultar problemático, para el autor existen determinadas condiciones para que se pueda dar un funcionamiento satisfactorio de la democracia:

  1. Buenos políticos, es decir, la clase política debe tener mucha capacidad
  2. Buena burocratización, una burocracia independiente bien formada que ayuden a los políticos.
  3. Amplio consenso sistémico, los partidos políticos reconocen un ‘mainstream’ y a partir del reconocimiento de la misma base construyen sus políticas.
  4. Una cultura capaz de tolerar las diferencias de opinión
  5. La existencia de un ‘autocontrol democrático’[1]

Al considerar la democracia bajo esta perspectiva presenta varias ventajas sobre la teoría clásica[2]. Entre ellas esta comprender la democracia como un mecanismo institucional de votación que proporciona un criterio razonable para diferenciar entre los distintos regímenes democráticos. Mediante este tipo de definición nos es más fácil poder diferenciar o comprobar que tipos de gobiernos son o han sido democráticos. Además, si bien la función primaria del electorado es la de crear un gobierno, se encuentra en esta concepción también la función de disolverlo. Así mismo, esta teoría permite esclarecer mejor la relación que existe entre libertad individual y democracia. Dentro de estas ventajas existen sobretodo dos que llaman nuestra especial atención por su familiaridad con la corriente freudiana.

[1] Held. pg. 213

[2] No se entrara en detalle cada una de las ventajas pues esa exposición excede las intenciones de este trabajo.

Schumpeter: el líder político, la voluntad general y la democracia (1)

capitalism schumpeter 2

Son tres los principales argumentos en contra de la teoría clásica democrática que esboza Schumpeter en Capitalismo, Socialismo y Democracia. Como bien señala David Held en Modelos de Democracia, es erróneo hablar de una teoría clásica dada la existencia de diversas teorías y cada una con aristas diferentes; sin embargo,  esto no desmerece las críticas que hace Schumpeter a la herencia recibida. La primera de ellas está en relación con el concepto de bien común como “un faro orientador de la política, que siempre es fácil de definir y que puede hacerse percibir a toda persona normal por medio de la argumentación racional” (Schumpeter 1971: 321). A partir de este bien común se puede discernir qué acción y medida tomada es buena o mala, con lo cual el individuo ordenara su actuar de acuerdo a esta meta por cumplir y velara responsablemente por el fomento de este bien común. Para el autor este bien común, esta meta unívocamente determinada sobre la cual todo el mundo está “o puede hacérsele estar de acuerdo en virtud de una argumentación racional”, no existe.

Dada la multiplicidad de intereses existentes en la sociedad, como la diferencia valorativa entre los individuos, el bien común ha de significar necesariamente cosas distintas. Como Schumpeter está esbozando una aproximación realista de la democracia se hace evidente que la imposibilidad de llegar al bien común, o las distintas interpretaciones sobre el mismo, se hace aún más notorio en sociedades modernas que se encuentran económica y culturalmente diferenciadas. Además, suponiendo que individuos y grupos puedan coincidir en perseguir el mismo objetivo, entra en juego la problematización de los medios para alcanzarlo. Pues, partiendo del supuesto de que los individuos se han puesto de acuerdo en cual es el bien común ¿de qué manera debería alcanzarse?

Los distintos valores e intereses que poseen las personas hará que el medio elegido para alcanzar determinado objetivo esté condicionado no solo a tus intereses sino también al sistema valorativo que posee cada persona. Esto significa que no existen soluciones o respuestas definidas a los problemas singulares de los individuos,  “la ‘salud’ puede ser deseada por todos y, sin embargo, la gente puede discrepar en cuanto a la vacunación y la vasectomía” (Schumpeter 1971: 323). Así, apelar a la consideración de un bien común que será acordado mediante una lógica argumentativa racional por una suerte de voluntad general es inviable, porque existen “valores últimos” que están más allá de todo tipo de explicación lógica. A partir de la imposibilidad de existencia de un bien común, se desvanece el concepto utilitarista de una volonté générale. Esto se debe a que el bien común era el centro hacia el cual gravitaban todas las voluntades individuales y, como la voluntad general derivaba de las voluntades de los individuos, sin faro orientador se elimina la posibilidad de una volonté générale “natural”.

La segunda crítica frente a la teoría clásica democrática está referida al problema de la toma de decisiones por parte de organismos no-democráticos. Esto está estrictamente relacionado con la manera como el autor trabaja la volición individual y la imposibilidad de que exista una ‘voluntad del pueblo’. El individuo no posee una voluntad independiente y racional como se suele decir que la tiene. Para que pueda darse es necesario no solo que sepa de un modo preciso aquello que quiere conseguir o defender, sino que a su vez debe ser capaz de dar conclusiones claras y distintas bajo la regla de la deducción lógica. Esto sería equivalente a esperar que toda opinión de un ciudadano fuera igualmente buena que la de cualquier otro, algo que para Schumpeter es absurdo. Además, partiendo de que se pudiera dar una suerte de construcción de la voluntad del pueblo, es “muy probable que las decisiones políticas a que se llegue mediante ese proceso no concuerden con “lo que el pueblo realmente quiere”, sobre todo cuando las voluntades están muy divididas” (Schumpeter 1971: 326). Lo que señala Schumpeter es que las decisiones pueden por tanto ser tomadas por organismos que no son democráticos y, al final, pueden terminar siendo más aceptables por las personas que las decisiones democráticas.

Antes de entrar en la tercera crítica de la herencia clásica, se hace necesario esclarecer previamente como mira Schumpeter la naturaleza política humana misma. Para el autor existen dos características del ser humano que explican su falta de juicio en cuestiones políticas. La primera, es el debilitamiento del sentido de la responsabilidad. Este debilitamiento se debe al alejamiento de las preocupaciones directas que afectan al individuo como la familia, la oficina, la iglesia, el sindicato u otro donde sea un miembro activo. La racionalidad y precisión del pensamiento y acción se dan solo en este pequeño ámbito privado del individuo. Mientras que cuando se mueve en ‘lo nacional e internacional’ se carece de todo nexo directo e inequívoco con aquellas preocupaciones privadas. Se da para el autor una pérdida completa “del sentido de la realidad”. Entrar en el campo de las cuestiones políticas es para el ser humano promedio como ingresar a un mundo ficticio. Consecuentemente, esta sensación de realidad restringida explica “no sólo un sentido limitado de la responsabilidad, sino también la falta de voliciones efectivas”. Ésta viene a ser la segunda característica.

Si bien cada uno puede tener deseos, preferencias o aversiones, estas no corresponden a lo que se llama voluntad, es decir, “la contrapartida psíquica de una acción responsable y consciente de su finalidad” (Schumpeter 1971: 334). Para el ciudadano corriente a la hora de meditar sobre las cuestiones nacionales no se da una voluntad de tal tipo, principalmente porque para Schumpeter la política carece de una finalidad clara y distinta. Este es el rezago de la ausencia del bien común, un objetivo claro y evidente hacia el cual todas las voluntades individuales pueden apuntar. Consecuentemente, como no existe esta meta, el éxito y el fracaso son difíciles –sino imposibles- de determinar, no existe un comportamiento responsable y los errores que cometamos no nos pueden ser imputados inmediatamente, y “por ello [el individuo] invierte menos esfuerzo disciplinado en dominar un problema político que en una partida de bridge”.


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