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10ª Conf.: El simbolismo del sueño

Hasta este punto habíamos encontrado que aquello que dificultaba la comprensión del sueño era la desfiguración onírica, la cual viene a ser la “consecuencia de una actividad censuradora dirigida contra las mociones de deseo inconscientes, desagradables” (pg. 136). En este sentido,  existe una censura frente a determinados deseos inconscientes que genera la desfiguración del sueño dificultando la comprensión del mismo.

Sin embargo, la actividad censuradora no sería el único factor responsable de la desfiguración, porque de eliminarse dicha censura, “el sueño manifiesto no sería aún idéntico a los pensamientos oníricos latentes”. Por ello, trabajará en esta conferencia en un segundo factor de la desfiguración del sueño, el simbolismo.

Sueño Quino

Previamente en la Conferencia n° 7, Freud nos había señalado que existen tres tipos de relaciones entre el elemento manifiesto (aquello que el sueño cuenta como las imágenes, la historia, etc.) y el elemento latente (lo genuino, lo inconsciente). El simbolismo, o la relación simbólica, vendría a ser el cuarto tipo de relación entre estos elementos. El autor considera que “simbólica es toda relación constante entre un elemento onírico y su traducción, y al elemento onírico mismo, un símbolo del pensamiento onírico inconsciente”.

A continuación ejemplifica esta definición poniendo varios ejemplos sobre los símbolos que aparecen en los sueños con su usual traducción. Así, encontramos que la casa viene a ser una figuración típica de la persona humana; el nacimiento se encuentra figurado mediante una relación con el agua (cuando uno se precipita o sale de esta, cuando rescata o es rescatado del agua); el morir suele ser sustituido en el sueño por el partir, o viajar en ferrocarril; o la desnudez mediante vestidos y uniformes.

Para Freud la inmensa mayoría de los símbolos del sueño son símbolos sexuales (pg. 140). Por ejemplo, el miembro masculino suele estar sustituido simbólicamente por objetos que se le parecen en la forma como bastones, paraguas, varas, arboles; por objetos que tienen en común la propiedad de penetrar-en-el-cuerpo y de herir como cuchillos, lanzas, sables, dagas, revólveres; por objetos que pueden alargarse como portaminas extensibles, lámparas colgantes; u objetos de los que fluye agua como grifos, regaderas, surtidores. De igual manera, la propiedad del miembro de “enderezarse contra la fuerza de la gravedad […] tiene su figuración simbólica mediante aeróstatos, maquinas voladoras, o el dirigible Zeppelin” (pg. 141).

Por otra parte, los genitales femeninos son figurados simbólicamente por “todos aquellos objetos que comparten su propiedad de incluir un espacio cóncavo que pueda recoger algo dentro de él”, como pozos, cuevas, cavidades, vasijas, cajas, baúles, cofres, bolsos, barcos, el paisaje, etc. El vientre materno se puede relacionar con los armarios, hornos, o la habitación. En el simbolismo de la habitación, que linda con el de la casa, encontramos que “puertas y portales, pasan a ser, a su vez, símbolos de la abertura genital” (pg. 142). La madera, el papel, elementos hechos con estos materiales, como mesa y libros, así como el caracol y moluscos, vienen a ser símbolos femeninos.

Inevitablemente, luego de continuar haciendo menciones a diversos símbolos de esta misma índole (tocar el piano como símbolo de la masturbación o subir las escaleras como símbolo del acto sexual), surge la pregunta de cómo conocer con propiedad el significado de estos símbolos oníricos si es que el soñante no nos da la información (suficiente). Freud responderá que existen diversas fuentes como cuentos tradicionales, mitos, chistes del folklore, las costumbres, refranes y canciones, tanto del lenguaje poético como del lenguaje corriente, en donde estos simbolismos también se encuentran presentes. Ahora, Freud no está diciendo que estas fuentes sirven de base para la interpretación simbólica del sueño, sino que atestiguan también la simbología descrita previamente.

Ahora bien, ante lo expuesto encontramos cuatro conclusiones. La primera de ella es que “el soñante dispone de modos de expresión simbólica que en la vigilia no conoce ni reconoce. […] Solo podemos decir que el conocimiento del simbolismo es inconsciente para el soñante, pertenece a su vida mental inconsciente” (pg. 151). Segundo, que “estas referencias simbólicas no son algo peculiar del soñante o del trabajo onírico por el cual llegan a expresarse”, porque encontramos que del mismo simbolismo se sirven también los mitos, cuentos tradicionales, la fantasía poética, entre otros. El simbolismo onírico es solo una pequeña parte de la esfera del simbolismo en general.

Tercero, a diferencia del simbolismo que se da en los ámbitos mencionados anteriormente (mitos, cuentos, etc.), en el sueño “los símbolos se usan casi exclusivamente para expresar objetos y referencias sexuales” (pg. 152). A pesar de que Freud decide no indagar mucho en esta conclusión, menciona que se puede aceptar que existe un “vínculo particularmente íntimo entre los verdaderos símbolos y lo sexual”.  Pone como indicio la investigación del lenguaje realizada por Hans Sperber (1912) en donde “los sonidos iniciales del lenguaje servían a la comunicación y llamaban al compañero sexual: el posterior desarrollo de las raíces lingüísticas se adhirió a las actividades de trabajo de los hombres primordiales”. En otras palabras, el lenguaje se inicio para llamar a la pareja con fines sexuales y su ulterior desarrollo se dio con la expansión de las actividades de trabajo.

Finalmente, la cuarta conclusión a la que se llega es que a pesar de que no existiera una censura onírica, el sueño no nos sería comprensible aún porque existiría “la tarea de traducir el lenguaje simbólico del sueño al de nuestro pensamiento en vigilia. Por consiguiente, el simbolismo es, junto a la censura onírica, un segundo factor de la desfiguración del sueño y un factor autónomo” (pg. 154). No obstante, esto no significa que la censura onírica no utilice o se sirva del simbolismo ya que le procura el mismo objetivo: “la ajenidad y el carácter incomprensible del sueño”.

En suma, el simbolismo es un tipo de relación existente entre el contenido latente y el contenido manifiesto del sueño, viene a ser un factor de la desfiguración onírica, y es utilizado por la censura para dificultar la comprensión del sueño.

8ª Conf.: Sueños de niños

Esta conferencia se encuentra dedicada al estudio de los sueños de los niños porque estos permiten con mayor facilidad y certeza conseguir información sobre la esencia del sueño. Las razones de ello se debe a que estos suelen ser “breves, claros, coherentes, de fácil comprensión, unívocos y, con todo, indubitables” (pg. 115). Es decir, la desfiguración onírica mencionada previamente no estaría presente y, por ello, la comprensión del sueño no requiere de la aplicación de ninguna técnica pues es simplemente la reacción de la vida anímica frente a la vivencia (del día anterior) del niño.

Uno de los ejemplos de sueños de niños es el de una  niña de 3 años y tres meses que había navegado en un lago por primera vez. Cuando llegó el momento de desembarcarse no quiso y lloro amargadamente, pues el tiempo de viaje le había parecido muy corto. Al día siguiente comenta la niña: “Esta noche he viajado por el lago”.

Estos sueños se encuentran desprovistos de desfiguración, lo que significa que el “sueño manifiesto y sueño latente coinciden aquí. Por lo tanto, la desfiguración onírica no pertenece a la esencia del sueño” (pg. 117). Del mismo modo, el sueño del niño es la reacción a una vivencia del día que ha dejado tras sí un lamento, una añoranza, un deseo incumplido. Por ello, “el sueño brinda el cumplimiento directo, no disfrazado, de ese deseo”.

Lo que busca Freud es considerar aquel deseo incumplido como un estímulo anímico perturbador del dormir. Ante este estímulo el niño reacciona con el sueño el cual tramita el estímulo eliminándolo de tal manera que permite que siga durmiendo. Entonces, el sueño suele ser “el guardián del dormir, el que elimina las perturbaciones de este” (pg. 118).  Así, según Freud, es gracias al sueño que podemos dormir tan bien y sentirnos descansados.

Con ello encontramos dos caracteres principales del sueño. El primero, que el “excitador del sueño es un deseo y su cumplimiento es el contenido del sueño”. El segundo, que el sueño “no expresa simplemente un pensamiento, sino que figura ese deseo como cumplido en cuanto vivencia alucinatoria”. Consecuentemente, siguiendo con el ejemplo de la niña y el lago, tenemos que yo querría viajar por el lago es el deseo que incita al sueño y, el sueño mismo tiene por contenido: Yo viajo por el lago. De ello se sigue que, a pesar de la simpleza de los sueños de niño, existe una diferencia entre sueño latente y sueño manifiesto, “una desfiguración del pensamiento onírico latente:la trasposición del pensamiento en vivencia”. Por tanto, el deseo será siempre el excitador del sueño y este, no solo reproducirá ese estímulo, sino que “lo cancela, lo elimina, lo tramita mediante una suerte de vivencia” (pg. 119).

A continuación hace un paralelo entre estos caracteres del sueño y las operaciones fallidas. Las últimas eran el resultado de un compromiso entre una tendencia perturbada y una perturbadora. La misma figura se da en el sueño. La tendencia perturbada viene a ser la del dormir, mientras que la perturbadora es el estímulo psíquico, aquel deseo incumplido. Por tanto, “el sueño es, también, el resultado de un compromiso. Dormimos, y no obstante vivenciamos la cancelación de un deseo; satisfacemos un deseo, pero seguimos durmiendo”.

Ahora bien, gracias a la consideración de los sueños de niños se ha logrado una serie de esclarecimientos, los cuales son: “la función del sueño como guardián del dormir; su génesis a partir de dos tendencias concurrentes, una de las cuales, el afán de dormir, permanece constante, y la otra aspira a satisfacer un estímulo psíquico; la prueba de que el sueño es un acto psíquico provisto de sentido; sus dos caracteres principales: cumplimiento de deseo y vivenciar alucinatorio” (pg. 120).

A diferencia de otros sueños (no infantiles) que han pasado por una desfiguración tal que se hace imposible juzgarlos a primera vista, lo que hace necesario el uso de una técnica psicoanalítica (como la asociación libre) para esclarecer la desfiguración (sacando a la luz lo inconsciente), existen otras clases de sueños que no están desfigurados y permiten reconocer fácilmente el cumplimiento del deseo. Entre ellos están “los provocados durante toda la vida por las necesidades corporales imperativas, el hambre, la sed, la satisfacción sexual” (pg. 121). Aquí se recurre al sueño para preservar el dormir pues a través del mismo se logra satisfacer aquella necesidad.  Otros sueños, que suelen ser breves, están influenciados por situaciones dominantes que proceden de fuentes psíquicas de estímulo como, por ejemplo, los sueños de impaciencia. El cuadro de Schwind ‘El sueño del prisionero’ muestra, según Freud, la génesis de un sueño a partir de una situación dominante.

Concluye la conferencia mencionando que en todos los sueños (excepto los de los niños y tipo infantiles) se da la desfiguración onírica. Por ello, no podemos saber a primera vista si son cumplimiento de deseo porque el contenido manifiesto no deja adivinar el “estímulo psíquico al que debe su origen” (pg. 124). Consecuentemente, se hace necesaria su interpretación (traducción) para poder revertir la desfiguración y sustituir el “contenido manifiesto por el latente” para poder comprender el estimulo psíquico que lo origino.

7ª Conf.: Contenido manifiesto del sueño y pensamientos oníricos latentes

Se inicia la conferencia definiendo la concepción del elemento onírico así como la técnica para la interpretación del sueño. El elemento onírico “es algo no genuino, un sustituto de otra cosa, de algo desconocido para el soñante” (pg. 103). El conocimiento de aquello de lo cual el elemento onírico es un sustituto está presente en el soñante, pero le es inaccesible. Por otra parte, la técnica radica en que “emerjan, por asociación libre sobre estos elementos, otras formaciones sustitutivas desde las que podemos colegir lo oculto”.

En este punto Freud introducirá el concepto de lo inconsciente para referirse a lo que previamente había sido descrito como ‘oculto’, ‘inaccesible’, ‘no genuino’, a todo aquello ‘inaccesible a la conciencia del soñante’. Por oposición se llamaran conscientes a “los elementos oníricos mismos y a las representaciones sustitutivas adquiridas por asociación a partir de ellos”.  Con esta definición no busca armar toda una construcción teórica, pero si rescatar que el uso de la palabra ‘inconsciente’ como descripción conveniente y fácilmente comprensible es inobjetable.

Ahora bien, si se toma la concepción del elemento onírico y se lo transfiere a todo el sueño, se tiene que el “sueño como un todo es el sustituto desfigurado de algo diverso, de algo inconsciente, y la tarea de la interpretación del sueño consiste en hallar eso inconsciente” (pg. 103). En otras palabras, el sueño es una totalidad desfigurada. En este punto surgen tres reglas que deben seguirse para el trabajo de la interpretación:

a)      No hay que hacer caso de lo que el sueño parece querer decir, pues nunca será eso lo inconsciente que se busca

b)      Limitar el trabajo a evocar para cada elemento las representaciones sustitutivas sin reflexionar sobre ellas

c)       Esperar hasta que lo inconsciente oculto, buscado, se instale por sí solo

En este punto salta a la vista lo indiferente que es cuanto recordemos del sueño y con cuanta fidelidad. Esto se debe a que el sueño recordado no es lo genuino, sino su sustituto desfigurado. Mediante evocaciones de otras formaciones sustitutivas se nos ayudará a “acercarnos a lo genuino, a hacer consciente lo inconsciente del sueño. Por tanto, si nuestro recuerdo es infiel, simplemente se debe a que se ha introducido en ese sustituto una desfiguración más (pg. 104)”.

A pesar de explicarle al soñante (paciente) la técnica interpretativa del sueño, surgen sin embargo ciertas objeciones para el trabajo interpretativo  por parte del soñante a la hora de comunicar las ocurrencias. Son principalmente cuatro las objeciones: i) que es demasiado trivial, ii) demasiado disparatada, iii) que no viene al caso, o iv) demasiado penosa para comunicarla.  Lo que sucede es que el trabajo de la interpretación se cumple en contra de una resistencia cuyas exteriorizaciones son estas objeciones y son justamente aquellas ocurrencias que querían sofocarse (ocultarse) las que “se revelan sin excepción como las más importantes, las decisivas para descubrir lo inconsciente” (pg. 105).

En este punto introduce un elemento cuantitativo (o si se prefiere gradual) con respecto a la resistencia. Cuando “la resistencia es escasa, el sustituto no está muy alejado de lo inconsciente; pero una resistencia mayor conlleva mayores desfiguraciones de lo inconsciente y, por tanto, una distancia mayor desde el sustituto hasta lo inconsciente” (pg. 106). Es decir, cuando existe muy poca resistencia con aquello inconsciente (por ejemplo, algún deseo en particular) la desfiguración del sueño es muy baja y, por ello, es fácil que una ocurrencia (o unas pocas) nos lleve desde el elemento onírico hasta su inconsciente. Mientras que si existe una mayor resistencia con respecto a ese deseo en particular las desfiguraciones van a ser mayores y se necesitaran de largas cadenas de asociaciones para llegar a lo inconsciente.

Así Freud introduce dos elementos: contenido manifiesto del sueño y pensamientos latentes del sueño.   El primero es aquello que el sueño cuenta (las imágenes, historia, etc.) mientras que lo segundo es aquello oculto a lo cual se debe llegar persiguiendo las ocurrencias. Existen diversas relaciones entre estos dos elementos y Freud mencionará tres de ellas en esta conferencia (la cuarta será en la Conf. 10).

La primera, la podemos encontrar a veces cuando elemento manifiesto es un ingrediente de los pensamientos latentes. Esto significa que un pequeño trozo de los pensamientos latentes (inconscientes) ha llegado hasta el sueño manifiesto como un fragmento, y el trabajo interpretativo tiene que completar este fragmento hasta formar un todo. El ejemplo al que recurre Freud es lo soñado frecuentemente por una mujer cuando era niña: “Recuerdo aún que de niña soné repetidas veces: El buen Dios tiene un bonete de papel puntiagudo sobre la cabeza. Ahora bien, un bonete así solían ponerme muchas veces estando en la mesa, para que yo no pudiese atisbar el plato de los otros niños y ver cuánto les daban de algún manjar. Como había oído decir que Dios es omnisapiente, el sueño significa que yo lo sabía todo a pesar del bonete que me pusieron”.

La segunda relación viene a ser la sustitución por un fragmento o una alusión. Con ello, lo que ocurre es que en el sueño surge algún tipo de imagen o palabra, que hace referencia a un pensamiento latente más complejo y completo. Tenemos el sueño de un paciente en donde alrededor de una mesa de forma particular están sentados varios miembros de su familia. La mesa, según lo contado por el paciente, es la misma que tenía una determinada familia a la que visitó, y lo que le llamo la atención de dicha familia era la relación particular entre padre e hijo, porque sucedía lo mismo entre su padre y el. Consecuentemente, “la mesa ha sido recogida en el sueño para designar este paralelo”.

Antes de pasar a la tercera relación, es importante dejar en claro, que todo lo incluido en el sueño no es ni contingente ni indiferente, en tanto que se puede obtener un mayor esclarecimiento hasta con los detalles más ínfimos.

Finalmente, la tercera relación es la ilustración en imágenes, en donde lo soñado viene a ser la “expresión en imágenes plásticas, concretas, que toman como punto de partida la literalidad de ciertas palabras” (pg. 110). Por ejemplo, una persona sueña que “su hermano está en una caja. La primera ocurrencia sustituye caja por ‘armario’ (Schrank), y la segunda le da la interpretación: el hermano se restringe (schränkt sich ein)” (pg. 110). Este tipo de relación tiene una particular importancia, porque el sueño manifiesto consta “prevalecientemente de imágenes visuales, y más raras veces de pensamientos y palabras”.

Citare a continuación en extenso un sueño así como la interpretación final que hace Freud del mismo para ver cómo funcionan los dos elementos mencionados previamente:

“Muy bien; una mujer joven, pero casada desde hace muchos años, sueña: Está sentada con su marido en el teatro, un sector de la platea está totalmente desocupado. Su marido le cuenta que Elise L. y su prometido también habían querido ir, pero sólo consiguieron malas localidades, 3 por 1 florín y 50 kreuzer, y no pudieron tomarlas. Ella piensa que eso no habría sido una calamidad”.

Luego de llevar a cabo el trabajo de análisis siguiendo las ocurrencias que la mujer le comentaba para cada uno los elementos oníricos del sueño concluye con la interpretación: “ «¡Fue sin duda un disparate de mi parte apurarme así con el casamiento! Por el ejemplo de Elise veo que aun más tarde habría conseguido marido». (El apresuramiento es figurado por su conducta hacia la compra de las entradas y la de su cuñada hacia la compra de la alhaja. El ingresar en el teatro aparece como sustituto del casarse.) […] Sólo hemos llegado a discernir que el sueño expresa el menosprecio por su propio marido y el lamentarse por haberse casado tan temprano” (pg. 112).

Para que no quede tan en el aire esta interpretación, vemos como ‘platea totalmente desocupada’ es el indicador del haber llegado temprano al casamiento (teatro). Mientras que el disparate se sigue de ‘las 3 localidades por 1 florín y 50 kreuzer’ pues solo era Elise y su prometido. De igual modo el menosprecio por el marido se sigue de ‘las malas localidades’ que la soñante pensaba que ‘no hubiera sido una calamidad tomarlas’. En este punto, es importante señalar que Freud reconoce que aún “no estamos armados para interpretar un sueño”.

Sin embargo, tomando en consideración el sueño concluye la conferencia señalando que la relación entre elementos manifiestos y latentes no es simple, sino más bien “tiene que ser una relación de masas entre ambos campos, dentro de la cual un elemento manifiesto puede subrogar a varios latentes, o uno latente puede estar sustituido por varios manifiestos” (pg. 113).  En otras palabras, en un sueño una sola imagen puede comprender varios elementos latentes, del mismo modo que varios elementos manifiestos pueden ser sustitutos de un mismo elemento latente (inconsciente).

6ª Conf.: Premisas y técnica de la interpretación

Empieza la conferencia afirmando que el sueño no es un fenómeno somático, sino psíquico. Por tanto, “es una operación y una manifestación del soñante, pero de tal índole que no nos dice nada y no lo comprendemos” (pg. 91).  Ello significa que se debe inquirir al soñante con respecto al significado de su sueño (como se hacía con respecto a las operaciones fallidas).

El soñante será aquel que nos diga lo que el sueño significa, a pesar de que confiese que nada sabe. En esta situación no se debe abandonar el intento de comprender lo que el sueño significa, porque es muy probable “que el soñante a pesar de todo sepa lo que su sueño significa, sólo que no sabe lo que sabe y por eso cree que no lo sabe” (pg. 92). Cómo sucedía en el caso de la reminiscencia en Platón (cfr. Menón).

En este punto, según Freud, nos enfrentamos a dos supuestos. El primero es que el sueño es un fenómeno psíquico. Esta premisa será algo que se demostrará  luego como resultado del trabajo. El segundo, que en el hombre hay cosas anímicas que él sabe sin saber que las sabe. Este supuesto ya fue demostrado previamente (actos fallidos) y simplemente ha sido transferido al problema del sueño.

Para comprender esta última premisa, Freud hace un paralelo con los experimentos de hipnosis hechos por Bernheim. En ellos, aquel que ha sido hipnotizado no tiene recuerdos de aquello que hizo y, sin embargo, luego de insistencias hechas por Bernheim los hipnotizados empezaban a recordar poco a poco hasta que la totalidad de la vivencia se manifestaba sin lagunas. Este mismo caso es conjeturado con respecto al soñante. Así, si alguien “cree no saber nada de ciertas vivencias cuyo recuerdo, no obstante, lleva en el interior de sí, ya no es tan improbable que tampoco sepa nada de otros procesos anímicos que ocurren en su interior” (pg. 94). Consecuentemente, el soñante tiene un saber acerca de su sueño, sólo que no le es accesible y por esta razón no cree tenerlo.

Ahora, de lo que se trata es de posibilitarle al soñante que descubra su saber y nos lo comunique. Lo importante aquí no es preguntarle al soñante cual cree que es el sentido del sueño, pero si “el origen de este, el círculo de pensamientos y de intereses del que proviene” (pg. 95), porque estos podrán descubrirlo. Entonces, se le pregunta al soñante por el modo en que ha llegado al sueño y “lo que él inmediatamente enuncie deberá considerarse como un esclarecimiento”. Se pasara por alto toda diferencia entre aquello que crea saber o no lo crea, y se trataran ambos casos como uno solo. Con esta simple técnica nace un tercer supuesto. Para tratar de responder a este supuesto se buscará diferenciar el sueño con el desliz en el habla (por la multiplicidad de elementos del primero) y así, descomponerlo en sus elementos para abordar la indagación de cada uno de ellos por separado.

La objeción que surge en este punto es que al preguntarle el soñante sobre un elemento del sueño puede que no se le ocurra nada o “Dios sabe qué cosa”. Sin embargo, se le contradirá al soñante si asevera que nada se le ocurre, se le insistirá asegurando que tiene que tener alguna ocurrencia y, al fin, se la obtendrá. No importara qué ocurrencia se le venga. Según Freud, las informaciones históricas suelen comunicarse con particular facilidad y se verá que los anudamientos de los sueños a impresiones de los últimos días son más frecuentes de lo pensado. Así, “a partir del sueño el soñante se acordará de acontecimientos lejanos, y eventualmente incluso de un pasado muy remoto” (pg. 96).

Lo que se busca enfatizar es que se tome y respete como un hecho lo que se le ocurra al preguntado/soñante/paciente (y no otra cosa). Pues puede “demostrarse que la ocurrencia que el preguntado produce no es arbitraria ni indeterminada, y no está desconectada de lo que nosotros buscamos”. Justamente, cuando se le pide al soñante que diga que es aquello que se le ocurre sobre un elemento determinado, se le está pidiendo que “se abandone a la asociación libre reteniendo una representación de partida”. A algunos se les hará sencilla una actitud de este estilo, mientras que otros mostraran una increíble falta de habilidad para hacerlo. Puede darse también una mayor libertad de asociación, cuando por ejemplo se abandona la representación de partida y, se establece por ejemplo, “el género y la especie de la ocurrencia”. Según Freud, las ocurrencias están “estrictamente determinadas por importantes actitudes interiores” que no son conocidas en el momento en que producen sus efectos (como en el caso de las tendencias perturbadoras en las operaciones fallidas).

Ahora bien, en el aparente libre albedrío de la asociación libre “no puede surgir como ocurrencia ningún nombre que no resulte estrictamente condicionado por las circunstancias inmediatas, las peculiaridades de la persona que se somete al experimento y su situación del momento” (pg. 98). Por tanto, si las ocurrencias que emergen de manera enteramente libre están condicionadas, las ocurrencias con una ligazón única (a saber, la representación de partida) no pueden estar menos condicionadas. Esta ocurrencia sobre el elemento onírico estará determinado por el trasfondo psíquico de ese mismo elemento, el cual “no nos es conocido” (pg. 99).

Para tratar de explicar este punto pone como ejemplo el olvido de nombres propios. A veces uno se olvida un nombre específico pero sabe en el interior con certeza de que si lo sabe y, aún así, el nombre olvidado es inaccesible. A pesar de ello, en todos los casos se nos pueden ocurrir uno o varios nombres sustitutivos. Todos estos nombres sustitutivos que aparecen tanto espontáneamente como evocados por la persona, mantienen un vínculo con el olvidado y estaban determinados por él. Freud menciona un caso personal en donde se había olvidado el nombre de un país cuya capital es Montecarlo. Para recordarlo abandona la reflexión y deja que se le ocurran nombres sustitutivos y le vienen: Montecarlo, Piamonte, Albania, Montevideo, Colico, Montenegro. Así, descubre que cuatro de estos nombres llevan la misma sílaba món y captura el nombre olvidado: Mónaco. Consecuentemente, “los nombres sustitutivos han partido en efecto del olvidado”. Además, dice el autor, “con facilidad hallo lo que me ha escamoteado ese nombre por un tiempo. Mónaco tiene relación también con Munich, es su nombre en italiano; esta ciudad ha ejercido la influencia inhibidora” (pg. 101).

A pesar de reconocer que este ejemplo es bello, pero simple, sin embargo, debería poderse lograr lo mismo en el sueño lo que con el  olvido de nombres, a saber: “volver accesible lo genuino retenido, mediante asociaciones anudadas a partir de un sustituto. Siguiendo el ejemplo del olvido de nombres, podemos suponer que las asociaciones sobre el elemento onírico estarán determinadas tanto por este último cuanto por lo genuino inconsciente que le corresponde” (pg. 102).

5ª Conf.: Dificultades y primeras aproximaciones

La segunda parte de las conferencias están destinadas al sueño. Las conferencias desde la 5ª hasta la 15ª estarán destinadas a esclarecer este fenomeno y todos los elementos que lo componen.

El estudio del sueño se ha encontrado con diversas dificultades, pero principalmente con el menosprecio hacia algo en “apariencia de tan nulo valor práctico”. Este problema está relacionado con la naturaleza misma del objeto de estudio, porque éste desafía todas las exigencias de una investigación exacta. El sueño a veces no puede ser recordado, se encuentra fragmentado, puede ser alterado a la hora de ser contado o recordado. Sin embargo, a pesar de que médicos han encontrado que el sueño no es algo nimio y puede estar relacionado con una enfermedad mental, los círculos científicos aún muestran desprecio por el sueño.

Según Freud, esta reacción se debe a “la sobreestimación de que fue objeto en épocas anteriores” (pg. 77). Luego de mencionar lo habitual que era la interpretación del sueño en la época helenístico-romana y cómo se fue degradando en superstición en la edad Media, señala que la única contribución valiosa hecha por la ciencia exacta con respecto al sueño es “la influencia ejercida sobre el contenido del sueño por ciertos estímulos corporales sobrevenidos mientras se duerme” (pg. 79). Sin embargo, ¿cómo reaccionaría esta ciencia exacta si se propone descubrir el sentido de los sueños? De igual manera como las operaciones fallidas pudieron tener un sentido, quizás ocurra lo mismo con el sueño.

Lo que ahora busca Freud es encontrar aquello común a todos los sueños. El primer rasgo común es que ocurre mientras dormimos, que es además una vida propia del alma mientras se duerme. Existe así una relación entre el dormir y el sueño y, parecería que el sueño es un estado intermedio entre el dormir y la vigilia. Por ello, es necesario comprender qué es el dormir. Esta definición puede ser comprendida desde un aspecto fisiológico-biológico o psicológico. En el primer caso el dormir es “la reparación de las fuerzas, mientras su carácter psicológico es la suspensión del interés por el mundo” (pg. 80).

Un punto interesante aquí es que la relación del hombre con el mundo, “al que hemos venido tan sin quererlo”, no puede ser aguantada por él de manera ininterrumpida. Por ello, es necesario retirarse a un estado pre-mundano, es decir, “a la existencia en el vientre materno. Al menos nos procuramos [en el dormir] una situación en todo semejante a la que entonces existía: calor, oscuridad y ausencia es estímulos” (pg. 80). En otras palabras, buscamos en el dormir un regreso al vientre materno y por eso nos disponemos de las cosas necesarias para reproducir aquella suspensión de interés por el mundo.

Siguiendo esta línea el sueño no sería más que la interrupción del dormir, un intruso inoportuno. Esta visión lleva a comprender al sueño simplemente como el resultado directo de una estimulación somática. Los sueños no son más que restos de la actividad anímica de vigilia y, por tanto, sería un tema inapropiado para el psicoanálisis. Sin embargo, a pesar de que “el sueño sea superfluo, no obstante existe; y podemos intentar dar razón de su existencia” (pg. 81). Si la vida del alma no se duerme, es porque existe algo que no se lo permite. Consecuentemente, el sueño viene a ser la reacción frente a un estímulo.

Ahora bien, Freud quiere dejar en claro que las diversidades de los sueños (coherentes y lineales, o confusos y caóticos, etc.) no tienen relación con los diversos grados del dormir. No por estar más cerca a la vigilia uno sueña de manera más caótica o viceversa. El sueño como reacción frente a un estímulo que perturba el dormir es el único punto sobre el cual “puede venir en nuestro auxilio la psicología experimental” (pg. 83). Así, el autor discute ejemplos de cómo determinados estímulos externos perturban el dormir. Los ejemplos todos, muestran cómo el sonido del despertador es incluido en el sueño de las personas y pone fin al dormir. Ahora, el sueño “no reconoce al despertador –y tampoco este aparece en el sueño-, sino que sustituye el ruido del despertador por otro; interpreta el estímulo que pone fin al dormir, pero en cada caso lo interpreta de manera diversa” (pg. 84). Lamentablemente, la interpretación del sueño como una reacción a este estímulo externo es dejada de lado porque solo logra explicar un pequeño fragmento del sueño y no la reacción onírica entera.

Otro ejemplo está referido a sueños que se derivan de estímulos internos, como los órganos de la persona. Lo que hace el sueño es “figurar el órgano que envía el estímulo mediante objetos que se le parecen” (pg. 86). De este modo, los pasadizos largos, estrechos y tortuosos son resultado de un estímulo intestinal. Sin embargo, este caso se tropieza con las mismas objeciones que el caso anterior. Además, la interpretación sobre la base de un estímulo corporal sigue siendo incierta o indemostrable.

Estos estudios han permitido no obstante echar luz sobre un determinado aspecto del sueño. Este “no devuelve simplemente el estímulo, sino que lo procesa, alude a él, lo inserta dentro de una concatenación, lo sustituye por algo diverso. Es un aspecto del trabajo del sueño que ha de interesarnos, porque quizá nos acerque más a la esencia del sueño: Cuando un individuo hace algo movido por una incitación, está última no agotará forzosamente la obra de aquel” (pg. 87). En otras palabras, la transformación del estímulo en el sueño no agota la totalidad de lo que el sueño es.

El otro rasgo común a los sueños es la particularidad psíquica que es difícil de aprehender y “no ofrece asideros para una ulterior pesquisa”, con lo cual en vez de buscar los rasgos comunes se debería tratar de comprenderlos a partir de sus diferencias. Sin  embargo, este tipo de ensayo no echa nuevas luces sobre el tema. En este punto, propondrá ir hacia el uso lingüístico de los ‘sueños diurnos’ (Tagtraum).

Los ‘sueños diurnos’ son fantasías (Phantasie) que están presentes tanto en personas sanas como enfermas y “el contenido de estas fantasías está presidido por una motivación muy transparente. Son escenas o circunstancias en que encuentran satisfacción los afanes de ambición o de poder, o los deseos eróticos de la persona” (pg. 89).  Estos sueños son variados, sufren cambiantes destinos, se los sustituye por otros, o conservan, o son modificados de acuerdo a las circunstancias vitales de la persona. Marchan, según Freud, “junto con la época, y de ella reciben un ‘sello fechador’ que atestigua la influencia de la situación nueva. Son la materia prima de la producción literaria, pues el artista, tras ciertos arreglos, disfraces y omisiones deliberadas, crea a partir de sus sueños diurnos las situaciones que introduce en sus novelas o piezas teatrales”. Lo importante en estos sueños es que el héroe es siempre la persona propia.

La razón por la cual rescata estos sueños diurnos es porque esta comunidad de nombres descansa en “un carácter psíquico del sueño” que se mantiene desconocido para nosotros. Aunque quizás esté equivocado, esto será algo que solo más adelante (en las futuras conferencias) será aclarado.


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