4ª Conf.: Los actos fallidos (conclusión)

Freud empieza la conferencia señalando que lo investigado hasta el momento sobre las operaciones fallidas –que son actos psíquicos que tienen sentido y que nacen por la interferencia de dos propósitos- es el primer resultado del psicoanálisis. Lo que ahora tiene que averiguar es la naturaleza de las dos intenciones diversas que se interfieren, pero principalmente el de la intención perturbadora.

Como bien señala el autor “las intenciones perturbadas no dan motivo a preguntas ulteriores, pero de las otras queremos saber, primero, qué clase de intenciones son esas que emergen como perturbadoras de otras y, segundo, cómo se comportan las perturbadoras con respecto a las perturbadas” (pg. 54).  Tratando de dilucidar estas interrogantes señala que en el trastrabarse a) la intención perturbadora puede mantener un vínculo de contenido con la perturbada o, b) la intención perturbadora nada tiene que ver en su contenido con la perturbada.

Ejemplos del primer caso pueden verse fácilmente, como cuando se declara cerrada la sesión. Aquí “la intención perturbadora expresa el opuesto de la perturbada; la operación fallida es la figuración del conflicto entre dos aspiraciones incompatibles” (pg. 55). En todos los casos, el trastrabarse proviene del contenido de la intención perturbada. Por otra parte, el segundo caso es para Freud mucho más oscuro e interesante. Si no tienen ninguna relación con la intención perturbada, “¿de dónde viene entonces y a qué se debe que se haga notable como perturbación precisamente en ese punto?” (pg. 56). La respuesta que nos da enseguida es que la perturbación proviene de una ilación de pensamientos que poco antes había ocupado previamente a la persona y que ahora se exteriorizaba.

Ahora bien, reconociendo que las clases de intenciones que se expresan perturbadoramente son de índole muy diversa, procede a separarlas en tres grupos. En el primer grupo están todos los casos en donde al hablante la tendencia perturbadora le es notoria y, además “la notó antes de trastrabarse” (pg. 57). En el segundo grupo pertenecen aquellos casos en los que el hablante también reconoce la tendencia perturbadora pero no supo “que estuvo activa en él justamente antes del desliz”. En el tercer grupo, el hablante niega y no reconoce la interpretación de la intención perturbadora; no sólo “impugna que se hubiera despertado en él antes del trastrabarse, sino que pretende aseverar que le es absolutamente extraña”. Esta desautorización hecha por el hablante no desestima para Freud la interpretación del acto fallido. Pero, ¿por qué no aceptar la respuesta y el desconocimiento de la intención del trastrabarse hecho por el mismo hablante?

Esta negación es debida a un miedo que esta supuesto en la interpretación de Freud: “la interpretación incluye el supuesto de que en el hablante pueden exteriorizarse intenciones de las que él mismo nada sabe, pero que yo puedo discernir por indicios” (pg. 57). Consecuentemente, para aplicar esta concepción de las operaciones fallidas se tiene que aceptar este supuesto: la exteriorización de intenciones que la persona no sabe que tiene.

Entonces, ¿qué es aquello que tienen en común estos tres grupos? Con respecto a los dos primeros grupos, lo que tienen en común es que la tendencia perturbadora ha sido refrenada (Zurückdrängung).  Este es precisamente el mecanismo del trastrabarse, en donde “el hablante se ha decidido a no trasponerla en un dicho, y entonces le ocurre el desliz, vale decir, la tendencia refrenada se traspone contra su voluntad en una exteriorización, ya sea alterando la expresión de la intención que él había admitido, entreverándose con ella o bien directamente sustituyéndola” (pg. 58).  Sin embargo, lo mismo ocurre en el tercer caso solo que la diferencia entre un caso u otro es el alcance mayor o menor con el que la intención fue refrenada.

Así, lo que descubre Freud es que la intención perturbadora había sido refrenada, quizás desde hace muchísimo tiempo, y por este último punto puede no ser reconocida por el hablante. Por ello, lo que se extrae es que: “la sofocación (Unterdrückung) del propósito ya presente de decir algo es la condición indispensable para que se produzca un desliz en el habla”. Lo interesante es que el término en alemán Unterdrückung significa literalmente un presionar-hacia-abajo (unter: abajo; drücken: apretar, empujar). Por ello, este propósito ha sido empujado hacia abajo y, por tanto, ocultado.

Hasta este punto tenemos que las operaciones fallidas son actos anímicos en los que “se puede reconocer un sentido y un propósito; no solo surgen por la interferencia entre dos diversas intenciones, sino que, además la ejecución de una de estas intenciones tiene que haber sufrido cierto refrenamiento para que pueda exteriorizarse mediante la perturbación de la otra” (pg. 58). Existen condiciones particulares que permiten el advenimiento de estas interferencias. Por ello, debemos concebirlos como indicios de un juego de fuerzas que ocurren dentro del alma, “como exteriorización de tendencias que aspira a alcanzar una meta y que trabajan conjugadas o enfrentadas” (pg. 59). Por ello, Freud busca alcanzar una concepción dinámica de los fenómenos anímicos.

En este punto, Freud da por terminado el análisis conceptual de lo que es la operación fallida. Sin embargo, la conferencia termina con mayores explicaciones sobre casos en el desliz del habla, lectura, auditivo; el olvido; el trastocar las cosas confundido, entre otros. Por ejemplo, con respecto al desliz en la escritura señala que cuando encontramos un desliz, “se sabe que no todo estaba en orden en quien la escribía; en cuanto a lo que lo inquietaba, no siempre es posible de determinarlo” (pg. 61).

Concluyendo, las operaciones fallidas tienen un gran valor para el análisis de la persona. Sin embargo, lo que llama la atención para Freud es que a pesar de que “los hombres se encuentra tan próximos a la comprensión de las operaciones fallidas y a menudo se comportan como si penetraran enteramente su sentido” (pg. 71); los declaran como algo contingente, sin sentido y significado y hasta se oponen a su esclarecimiento psicoanalítico.

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